Anuncio

Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de octubre de 2014

Comenzar a entender.

Este primer mes en Madrid ha tenido de todo. Aunque en el sondeo general es una pasada lo que es estar aquí, ha habido subidas y bajadas, como es de esperar.

Quizás sea la distancia, quizá el tiempo que no pasa para algunas cosas, o será que me desespera no comprender. Pero la verdad es que, pensándolo en frío, mejor quitarse pesos de encima y la mierda que sobra en los lastres.
Hay cosas que ya me parecen tan fuera de lugar y tal absurdas, que son las que me dicen que aquí es donde tengo que tener mente y corazón. Que hay cosas en las que no me merece la pena seguir llorando, seguir pensando, y seguir aguantando.

Es como, no sé. Un grano en el culo enorme.
Eh, no te lo quites, ¡pobrecito!
Pero si llevo ya años con él aquí pegado, que lo único que hace es escocer y molestar.
Pero no, no te lo puedes quitar. Si me lo quito, eh, ¿qué va a hacer el grano?

Pero nada, antes que mi ombligo y el de quienes yo de verdad quiero, aprecio y adoro, va ese grano.
Pero el grano es un conjunto increíble de cosas que ni yo sé ordenar, nadie sabe ordenar.

¿Y sabéis qué os digo?
Que por ahora, el tiempo dirá. Que yo estoy en Madrid, que ahora mi prioridad son mi familia, mis estudios y mi pareja. Y quienes de verdad están ahí como lunares en la piel. Majos, preciosos y que cuando quiero saber de ellos ahí están. Pegados a mí y yo pegados a ellos.


jueves, 31 de julio de 2014

There's a ghost.


Está escondida.
Noto que me mira, que respira, que no vive.
Noto que me abraza sin rozarme. Su gélido aliento me recuerda que no está.

No te conocí, no te conocimos, pero sigues creciendo sin que te importe el tiempo.
Yo soy la esclava de su paso, soy la esclava de saber que estás y no verte.


Cuando ellos vienen, siempre callas, aunque te nombre y te insista.
Te duele, y a mí me duele, callas por no llorar, por no gritar, por no poder extender la mano y acariciarles.
Lloras sin que te oiga nadie, pero aún así, es tan intenso tu dolor que algo cambia en la habitación.

Pero tranquila. Yo lloraré, sonreiré, abrazaré y acariciaré por ti.
Seré tus ojos, tu aliento, tus manos y tu olor.
De repente fui consciente de que por eso estás aquí, por eso me atormentas en las noches en las que más te siento, de repente supe que la soledad en un mundo donde nadie te ve es el peor de los suplicios.

Haré lo que quieras, te hablaré por si me escuchas, reiré por si te ríes, lloraré cuando necesites no hacerlo sola. 
Aunque no estés, sé que me acompañas. Pero no me dejes.



Encuentra más relatos y fotografías:
https://www.facebook.com/pages/Sonia-Neisha-Photography/274190222631990?ref_type=bookmark

lunes, 23 de junio de 2014

La Humanidad está enferma.


Os hablo desde la conciencia, mezclada con cientos de noticias, comentarios y dolor.
Desde mi más sincera pena, estoy segura de que la Humanidad está enferma.


Hagamos un experimento, que seguro que lo habéis hecho inconscientemente, hasta es posible que os hayáis dado cuenta.
Nos sentaremos delante de la televisión, sin comida, sin charlas que nos despisten, sólo atentos a las noticias. De verdad os digo que odio hacerlo.
Estamos ya tan acostumbrados a la miseria, a ver al desgraciado e ignorarle, a escuchar desgracias, pero siempre viene la sección deportiva del telediario para hacernos olvidar de toda la mierda que hay.

Yo, con 19 años, hasta ahora no quiero creer que la Humanidad no tiene cura. Pero somos insensibles, porque de puertas a la calle no nos importa en realidad, porque la hipocresía y el egoísmo es lo que en realidad nos distingue del resto de los animales.

Hace poco escuché una reflexión: "¿Hay esperanza en este mundo? ¿De verdad merece la pena seguir intentando luchar contra tanto mal y tanto dolor? "

Y de verdad que no sé qué responder a esa reflexión, ¡si es cierta!
Claro que sigue habiendo gente buena, pero muy pocos de esta gente buena de verdad se implican.

¿Alguien tiene respuesta?





Sonia Neisha Photography
@sonianeisha

lunes, 7 de abril de 2014

Nature.


"El viento susurraba sus historias, la tierra las escondía y los animales las temían.
Así, se creaba la leyenda de la última pieza del puzzle."

lunes, 12 de noviembre de 2012

Al final todo pasa.

Frío, pero todo sobra.
Todos dicen que no hay mal que por bien no venga, como siempre, no se debe generalizar, quien parece insignificante te puede tirar tus teorías de habladurías de viejos en tus propias narices.

Ni caminando haciendo estúpidos círculos en la habitación. Todo estorba. 
Una parada en seco, y las alas cayeron por su propio peso. Qué sentido tiene darles uso, cuando llegas allí arriba lo único que puedes hacer es caer, porque ya no hay aire con el que respirar.

Un escalofrío, las gotas de sudor se mezclan con esas lágrimas oscuras. 
Ya en el suelo, sólo queda recogerlas y guardarlas para cuando sea seguro que el vuelo será estable, constante y sin muchos cambios en el viaje.

Al final todo se calma. Al final todo pasa.


miércoles, 3 de octubre de 2012

Hagamos lo que hay que hacer.

Hagamos silencio por aquellos que callan, por aquellos que aman sin saber a quién.
Hagamos un ruego por aquellos que engañan, por aquellos que dañan sin dar un por qué.
Hagamos un grito unidos por las razones que nadie debe saber.
Hagamos un pacto de paz con quien nos hizo perder.
Hagamos por no perder las oportunidades que la vida nos maquilla.
Hagamos un plan para vivir nosotros la vida, y que no sea ella quien nos dirija.
Hagamos del orgullo honor para sacar esas astillas que forman parte de nosotros.
Hagamos de la vida un teatro y que el público lágrimas de alegría tenga en los ojos.
Hagamos de nuestra mente algo sencillo, volvamos a ser niños.
Hagamos de la suerte nuestra compañera, y aprendamos a tejer sus hilos.

Hagamos del fin de todo algo dulce...

miércoles, 25 de abril de 2012

Sal y luz.

El olor a salitre me saturaba.
No aguantaba más en ese barco.
Mi único consuelo era la noche, cuando soñaba con su compañía.
El balanceo era suave, la brisa hacía que mis rizos de tonos cobres danzaran mientras le mecían.


No sabía cuánto tiempo llevaba allí, desconocía la razón por la que me encontraba en medio de ese profundo mar.
No era capaz de mirar al fondo, la eternidad de su oscuridad me hacía temblar. La batalla fue dura y todo quedó sumido en esa negrura infinita, como si notara sus miradas teñidas de rabia de aquellos que sucumbieron bajo mi hoja envenenada de furia.
Puedo jurar que esa furia se fue con mi aliento al terminar, que ese cargo de conciencia me atormentaba más que el dolos que me había hecho el frío acero.


Ya se acuesta el sol. Me despide del día, un duro día, una dura lucha por volver.
Y otra vez llega la noche y su silencio. Llega recordándome su recuerdo, asustándome con su miedo, preocupándome por ser su razón de un no vivir.


Todos allí dependían de mí. Yo era su norte, su guía. Sin mí estaban perdidos, y odiaba recaer en esa responsabilidad.
No he perdido a nadie que me sirva de apoyo ni consejo, pero el dolor de algunos de ellos hace que el trato se dificulte, que discrepen mis peticiones, que discutamos, pero si he llegado hasta aquí es por mi paciencia, no tengo muchas más virtudes que esa y la frialdad, del resto de virtudes me olvidé... seguramente ya no existan.


Ya se ha ido, el manto de estrellas me refugia, la serenidad de la luna me contagia, imagino que me sonríe y se la devuelvo, como cuando era una niña. Ahora todos duermen... Por fin el silencio para poner en orden mis ideas, detesto tomar tantas decisiones en tan poco tiempo, me desgasta, las sienes me arden, me encaminé a mi discreto camarote.
Pero ese momento también me daba pánico.
Mi cama, grande y fría. Me falta su piel conmigo, que ocupe este gran  hueco, que también está en mi pecho, que mientras lucho me duele más, como si algo se estuviera retorciendo ahí dentro, como si su miedo lo cargara yo.


No sé cuántos días más aguanté ese pellizco, cuantos días más pasé en ese barco y ese pestilente aposento, pero al ver por fin tierra firme bajo esa ardiente luz...
Cogí mis cosas, saludé a mi tripulación y les di las gracias deseándoles un merecido descanso, esperando no perder su simpatía, el apoyo que habían sido durante tanto tiempo, pero en cuanto puse un pie fuera del barco... su presencia me envolvió.




Ahora hay promesas. Pero de las que se pueden cumplir, detrás se escucharon sus dientes chocar mientras sonreía.

miércoles, 18 de abril de 2012

Ven, pequeña.



Silencio pequeña, no te sirve de nada llorar.
El viento es frío, te duelen las mejillas, pero a más llores, más te dolerán.
Ven al calor de mi pecho, y escúchame atentamente. Mira cómo late mi corazón, tú tienes uno como el mío, pero, pequeña, el tuyo es mucho más fuerte y sano que este pobre trapo lleno de dolor.
Yo también lloré, pequeña, pero nadie me ofreció calor. Tranquila, vida mía, sentémonos a escuchar cómo replica este viejo aparato que bombea la sangre que ya no queda, que sigue con su rutina porque para eso se le creó.
Ven, pero serena. No puedo enseñarte cómo dejar de llorar, pero puedo intentar que tu angustia se torne agridulce, trataré de quitarle el sabor amargo a tus lágrimas, que se vuelvan más cálidas que la sonrisa que se dibujará en tu cara cuando, créeme, mañana salga el sol. Porque, te repito, pequeña, siempre hay un mañana un sol que nos ilumina. Y nos puede hacer arder de ilusión.


Ven, pequeña. acércate aquí, cierra los ojos y siente cómo respiro.
Intenta copiar cómo lo hago, que entre el aire despacio que trae ese viento frío.
Relájate escuchando el sonido conjugado por mis pulmones y el tambor de mi latido, es pausado, cansado, pero si juntamos el tuyo y el mío se animan entre ellos, te lo puedo asegurar.


Ahora, mira al frente.
El sol está hoy cansado.
Se puede ver que él también está como tú. Pero le acompañan miles de estrellas que le rodean, tan pequeñas a su lado como tú lo eres al mío.
Este es el secreto de un nuevo día.


Gracias, pequeña, por avivar este momento.
No temas. Mañana el frío se irá.
Y este viejo sin sangre, no sé dónde estará.

viernes, 6 de abril de 2012

Él.


Como siempre, mientras daba su paseo no pensaba. Era un ejercicio que repetía una y otra vez.
Cuando se agobiaba miraba al cielo y veía cómo las ramas se enredaban pero nunca se juntaban sobre su cabeza. Si no era suficiente, se ponía a pensar en algún amigo decente que quisiera pasar un rato idiota en algún banco frío.

Pero ese día se sentía diferente. Miraba cada dos por tres la hora, se preguntaba que desde cuándo se había preocupado tanto de eso. ¿Qué estaba ocurriendo? Estaba inquieta. Algo le ocurría y no sabía decir el qué.
Un escalofrío. Su sombra. Sentía su caricia, dulce y casi imperceptible sobre su pelo. Una lágrima rodó escaleras abajo mientras cerraba los ojos con fuerza y trataba de abrir su cajita de valor. Después de tanto tiempo le notaba, sabía que estaba con ella. Y por un momento no tuvo nada que temer, hasta el momento siguiente, cuando el pánico se apoderó de ella: se iba a ir de nuevo. Y se quedaría ella sola, pensando en esos tiempos felices que nunca volverán, mas que a sus recuerdos.

Ya no notaba su tierna caricia.
Sólo un viento frío que le caló hasta dejarla temblando.
Ya no estaba.
Sólo le acompañaba el dolor de su ausencia.

No le quedaba más que seguir caminando, no había más reservas de lágrimas. 
No le quedaba mucha más vida que tragar.
Pero seguiría haciendo su camino de no pensar hasta lograr sentir otra vez su presencia.


jueves, 5 de abril de 2012

Segunda parte.


Y otra vez se vistió, con el mismo tono en los labios a juego con las mejillas. Pero esta vez no era ese tono rojo vivo de la última vez. Esta vez era el tono de la tristeza y de la soledad, el tono pálido y enfermizo que la invadía cuando algo le rondaba demasiado la cabeza.

Otra vez le había llamado. Hoy su vestido era más taciturno, hacía que su rostro tomara un color más apagado aún, un gesto extraño, pero a ella le daba igual, como todo, porque él no se fijaría en otra cosa que no fuera el suelo cuando quedaran en la esquina de siempre, era de esperar. Lógico.

Cogió las llaves y echó el último vistazo al espejo, vio su delgada figura. La balanza ya se reía de ella. "Antes me sentía bonita porque él me veía bonita. Ahora... En fin. Qué más dará." Y más imágenes que le atornillaban y le destrozaban cada parte de su ser. Ahora todo lo que fue luz y maravilloso se le antojaba desagradable de recordar, le dolía recordar ese "tú por tu camino y yo por el mío", aunque seguía pensando que era lo mejor que podría haber hecho.

Salió por la puerta. Hacía frío. Se sentía fría, se sentía una roca. El tatuaje que nunca se veía ardía, le recordaba que tenía que ser fuerte. Le decía que ella, en realidad, estaba bien, que había que velar por el qué hacer por él. Se acarició con disimulo antes de partir con esas manos congeladas y se calmó mientras respiraba fuerte y hondo. Quedaba un corto pero duro camino.

Llegó, y él no aparecía.
Y el momento en el que se quedó a un suspiro de besarle, hacía ya un tiempo, le abofeteó como un halo frío. Como si notara el roce de su nariz.
Pero no estaba. Y no iba a venir. En su lugar había una bolsa colgada en la tienda de la esquina. Dentro había un sobre. Y lo abrió.

Había un camino dibujado en un fino y gran papel, que se bifurcaba al final.
No sabía del todo bien lo que significada, pero algo se podía imaginar. Le dio la vuelta y comenzó a leer.

"Conociéndote, ya te habrás hecho una idea de lo que quiero que hagas, pero quiero que te quede claro el fin de todo esto: quiero que seas feliz.
¿Recuerdas? Sí, justo ahí. Cuando he dejado esa bolsa también he recordado el tacto de tu cintura, ese día estabas preciosa, caminabas encima de esos enormes tacones que me dejaron tu nariz a la altura de la mía, yo también deseaba ese beso, pero nunca fue momento. Y recordarás también que decidiste que cada uno camináramos por lugares distintos, pero, si te fijas, esos caminos siempre van a estar conectados de alguna manera,

A ti te gustó siempre dar paseos, alejarte del mundo, y yo siempre te seguía por otro camino, amaba ver cómo sonreías cuando las nubes dejaban pasar un poco de sol para que tus mejillas adornaran con su color tu rostro feliz. Pero tú misma eras la que decía que siempre terminabas echando de menos el ruido de los edificios que aborrecías, siempre echabas de menos el sitio del que venías.
Pues bien. A ese lugar también lo llamabas brazos, de los cuales yo soy el dueño, te recibía con ellos abiertos y luego, al regresar, los cerraba tan fuerte... pretendía que nunca te llegaras a ir.
Ahora te digo que puedes volver siempre que lo desees, la única diferencia será que no los cerraré, eres libre de elegir.

Te quiero. "

Y la pobre nena lloró. Lloró como nunca, lágrimas agridulces mientras recordaba el sonido del último "te amo" que escuchó de sus labios, esos que nunca llegó a besar.





Aquí la primera parte : http://cazasonrisasnivelexperto.blogspot.com.es/2012/01/sus-mejores-colores.html

lunes, 2 de abril de 2012

Historias viejas.



Caminando iba la princesa por el sendero, sendero del gran bosque que rodeaba su castillo.
Elizabeth se sentía bien, respirando un aire que olía a seguridad, el olor de la tranquilidad. El bosque era tupido, aún así, era su lugar favorita desde su niñez. Por mucho que se adentrase, sabía perfectamente dónde acudir para volver a encontrar el sendero.

Iba pensando en su futuro, un bello príncipe que llegaría en breve, la sonrisa de la reina al decir el sí quiero, un hermoso niño al que cuidar y amar en un próximo reinado…
El corazón se le hinchaba de orgullo al pensar que todo eso sería suyo en breve. Un pequeño reino donde vivir y crecer. Y todo por ser una simple princesa…

Desde siempre se le dijo que todo eso sería suyo.
Desde siempre le aseguraron que tenía las aptitudes perfectas para ser una gran reina.
Desde siempre se le dijo que su reinado sería tan deslumbrante como el sol que ahora contemplaba tras las hojas de los árboles.
Desde siempre se le había valorado como la princesa que siempre estaba atenta a las necesidades de su gente.
Desde siempre…

¿Qué debería hacer entonces?
Ella quería buscar el mejor futuro para su reino.
Quería traer un heredero sabio que hiciese la misma labor de prosperidad que hasta ahora se había llevado.
¿Y si sólo habían sido meras conjeturas? Las conjeturas no siempre se cumplen.
El miedo le empezaba a carcomer la conciencia, a lo mejor no bastaba con esa atención.
A lo mejor faltaba algo más para prepararse para la perfección.
Ahora tenía que pensar si con lo que hacía por ahora era suficiente.

Un escalofrío le recorrió de pronto de pies a cabeza.
Un par de gotitas le mojaron la nariz.
¡Oh, lluvia! En ese lugar perdido entre ese gran bosque las tormentas eran terribles.
El resplandeciente sol que antes veía cada vez se iba atenuando más.
Sin quererlo, por planificar sus fantasías, se le estaba echando la noche encima.
Unos cercanos relámpagos sonaron.

En cuestión de un instante… Perdida se encontró.
Ahora el bosque se cernía oscuro sobre ella.
Pobre Elizabeth.
Donde más segura se encontraba, ahora se había convertido en un momento en un lugar temible y peligroso. Allí era donde se resguardaba de todo. Era donde acudía cuando se sentía sola, ya que el susurro del viento le hacía sentir bien.
Ahora el viento también estaba con ella, o quizás contra ella.
Ahora el viento, sin quererlo reconocer, era quien hacía peligrar a la pobre princesa.

El castillo, el gran castillo de su reino, se encontraba tan cerca y a la vez tan lejos… La desesperación se unía al miedo.
Su hogar, su gente, ¿dónde estarían ahora?
Por mucho que gritara, que pidiese ayuda, a causa del maldito viento le era imposible ser oída.
¿Desde cuándo ocurría esto?
Siempre que gritaba, su guardia venía en su ayuda. A veces venía por la simpleza de ver si se encontraba a salvo.
Esta vez, la princesa se encontraba sola.


Al final, derrotada por la noche entera caminando bajo la lluvia, un pequeño rayo del alba despertó a la pequeña Elizabeth.
Sus ropas estaban demacradas, sus largos cabellos mugrientos por el barro, sus manos llenas de heridas por intentar que el viento no se la llevase. Cansada…

¿Qué haría ahora, sin apoyo alguno, en un lugar desconocido del bosque, lejos de su castillo?

Sueños por el sendero arrastrados por la lluvia…



No había terminado todo, debía quedar algo…
Luz, mucha luz.
Estaba todo devastado, pero su memoria le ayudaría.
Corría y corría, como nunca en su vida había llegado a hacer.
De nuevo la alegría la llenaba, otra vez veía la luz y… ¡El sendero!
Seguía y seguía, el cansancio no aparecía de la adrenalina que estaba gastando en ese momento.
Y, por fin, vio asomar uno de los grandes torreones de su castillo.

Cuando la pequeña Elizabeth creía haberlo perdido todo, la esperanza apareció en forma de brillantes rayos de luz.


martes, 6 de marzo de 2012

La bruja Piruja.





Como no hay seguridad de nada, nada será seguro.

***




Un cuento que comenzó bien pero que la bruja se cambió de sexo muchas veces a lo largo de la historia que termina pero no termina.

Los Principitos darán de lado al Espejo: les dijo y ofreció todo lo que desearon, pero ahora creen que es mejor dar de lado al atrapado para seguir a la malvada y extraña bruja.

Todo fue hermoso mientras la bruja parecía princesa. 
Luego... todo se volvió tenue, oportunista y aburrido. Temeroso y mentiroso, porque todo fue una farsa para conseguir el castillo y los Príncipes. Y cuando lo consiguió, con encantos encerró al Rey en el Espejo y sólo cuando la bruja deje el castillo le serán sus  vidas devueltas...


Y mientras tanto, la humilde cenicienta que a nadie le importa, limpiaba el polvo de sus Príncipes y el polvo del pobre Espejo...



sábado, 3 de marzo de 2012

Carece de realidad.



Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse.


Una chica en medio de la antigua ciudad amante de las artes. En su extraño y crujiente piso en el centro, dormía con inquietud entre todo su material de creadora de sueños.
La ventana estaba abierta. La luz que reflejaba la luna entraba y hacía a las sombras jugar por la habitación. Las sábanas estaban revueltas pero había dormido sola.
Un mal sueño le había visitado esa noche, uno de esos sueños angustiosos en los que alguien te persigue, alguien o algo que debe odiarte.
Pero por fin se ha despertado, ya no tiene nada que temer entre esas cuatro paredes, no van a volver a desaparecer.

Se levantó de la cama. Se calzó y se dirigió a la ventana. Un sudor frío le inundó la nuca. ¿Qué estaba pasando?
Se dio la vuelta y miró hacia la puerta. Unos pasos acababan de pararse frente a ella. Ella vivía sola en ese antiguo piso alquilado. Nadie en la ciudad tenía las llaves para poder entrar...
Un temblor recorrió su cuerpo de arriba a abajo. El miedo le estaba empezando a nublar la vista con las gotas de sudor que le iban cayendo de la frente.

Era imposible. Tendría que ser en el piso de al lado.
Pero cogió una pieza de madera sin tallar por si a caso, y la puerta se abrió lentamente justo en ese momento.
Una figura se veía apoyada en el quicio de la puerta, la silueta de unos brazos cruzados y un pie sobre el otro.

Estaba congelada de miedo, sin respiración, preguntándose si estaba loca, cuando la silueta dio un paso al frente. No cabía en sí de júbilo. Sus miradas se dieron la mano cuando le reconoció: era él.

Era menos que imposible, pero su alegría le volvió loca, ¡por fin le había encontrado!
Tanto tiempo esperando a irse con él y dejar su arte triste y desolado por su ausencia que ya no merecía la pena seguir con esa vida.
Cuando consiguió mover un músculo, dio un paso hacia él, luego más rápido, y él se tiró a sus brazos con la misma inmensa alegría que ella. Pero se desvaneció en un soplo frío...

Otra vez entre sus sábanas. La almohada estaba empapada.
Tanto tiempo desde que él se fue de este mundo.. pero nunca lo podría superar.

Se levantó y se secó las lágrimas con su camisa holgada, encendió las luces y comenzó con su único consuelo: dibujar su sueño.


lunes, 27 de febrero de 2012

Historia.


Está comprobado que todo lo que ha formado una cicatriz debe volver.
Es un síntoma de la Historia, siempre se comporta de la misma forma pero en el contexto que toque.
Aberraciones, horrores, holocaustos, alegrías de un nuevo fin.
La Historia va aprendiendo a que hay que darle al mundo una de cal y otra de arena, ya que nosotros no somos capaces de distribuir nuestra paz y nuestra justicia.

Es como siempre.
Se nos dan oportunidades que no queremos aprovechar.
El hombre tiene en su mano la libertad de todo el que le rodea, ya que su libertad termina cuando comienza la de otro. Pero el hombre arrasa con las libertades que haga falta para que su ego y su bote de poder rebose sin contemplación alguna.

Volverá.
La Historia es Sabia.


viernes, 10 de febrero de 2012

Ponte las botas nuevas que las vas a estropear.



Comencemos. Caminemos.
Ponte las botas nuevas que el nuevo camino empieza.
Respira el último aliento, que no lo olerás más.
Vamos hacia una tierra nueva, ya la conocerás.




Una ciudad enorme, llena de colores y de gentes que parecen caminantes pero arreglados. Sumergidos en sus móviles, su vida, y sin ser conscientes si quiera de lo que tienen justo en frente.
El camino al trabajo lo tienen automatizado: las llaves, la puerta, ascensor, botón, primer giro a la derecha y todo recto hasta el suplicio de un nuevo día.

La suerte que ella tenía era que no tenía nada planeado. Se prestó a la suerte de ese mismo amanecer, rezando o algo parecido para que algo bueno sucediese en esa gran ciudad.

Caminaba y caminaba. Como siempre, colores mezclados por todas partes, gente extravagante que creía que nadie le miraba.

Por fin se decidió a ir en busca de su nueva residencia, el lugar donde todo empezaría a partir de una base de 18 años de cultivo. Y allí estaba.

Su maleta era ligera. Dinero, libros, el ordenador portátil, algo de ropa y su cámara. Ella pensó que no necesitaba nada más. Con un poco de suerte vendería fotografías curiosas y haría retratos por unas pocas monedas o el billete más pequeño.

Dicen que sólo hay hombres bohemios. Eso escuchó una vez. Nunca se prestaría ni se daría al amor en esa vieja y anciana ciudad. Ataduras que nunca ves por mucho que te digan, ahí el sentido común no vale, ni la razón, ni los ojos. Nada. Eso es cosa de gente normal. Ella, sencillamente, era de mente sencilla. El amor era muy complicado para su entender.


Nuevas personas que conocer. Una noche. La primera noche. Tendría la batería preparada.
Su vestido más sencillo, las pestañas alargadas y oscuras. Unos ojos atentos a las sombras y al cambio de la antigua ciudad. Descartaría a los nuevos residentes. Ella era sencilla, lo de beber era complicado para su entender. En esa ciudad que se vestía de negro y de luces, esa gran ciudad con tanta historia y leyendas que contar... un desperdicio de tiempo y de neuronas, para su entender. Porque ella era sencilla. De mente sencilla y de bolsillo... vacío.



Miró sus botas y se sumergió en las sombras de esa vieja ciudad.











En una hora sus botas ya eran viejas.

lunes, 23 de enero de 2012

Sonrisa de gato.




La luna nos vigilaba.
Yo no vigilaba a nadie. Pensaba que estaba a solas con la noche.
Paseaba pensando que no había nada en particular en lo que pensar. Y me paré en seco.
Sus manos rozaban mi cabello, se enredaron en una dulce caricia. Al volverme mi mirada encontró sus ojos de felino, los que noté un momento antes clavados en mi nuca.
Calor.
Su sonrisa parecía sacada del mismo averno, pero me invitaba, me obligaba a caer a sus pies.
Sólo una capa que me envolvía pude ver antes de desvanecerme del placentero terror que me rodeó como esa maldita tela. Silencio...

Traqueteo.
Escuchaba los cascos de unos caballos.
Me llevaban a algún lugar. Las manos (junto al resto del cuerpo) me temblaban en una mezcla de temor y frío, las manos me sudaban al recordar esos ojos brillantes, trataba de recordar algo más de ese rostro diabólicamente perfecto. Después de una parada y un destello, volví a caer en un profundo sueño.

Telas oscuras. Mi cabeza reposaba sobre una pluma gigante. Mi ropa ya no estaba húmeda. Un ambiente extraño de velas que parecía sacado de una película de terror. Ahora parecía el momento en el que el malo aparece con la mano en alto sin que diera tiempo a ver la afilada hoja que en un instante se cargaría mis entrañas. Pero no. Qué...

¡Pero qué ropa! ¿Qué llevaba puesto? ¡Qué habitación más siniestra!
¿De dónde habían salido?
Miré hacia abajo, un vestido corto de seda negra parejo con las sábanas que hasta mi figura, seguramente, se veía como un hermoso mosaico de curvas oscuras pero brillantes a la luz de las velas.



Pasos.
Me tapé corriendo, el siseo de la capa comenzó a sonar en el fondo de lo que parecía un pasillo, la puerta estaba detrás de mi cabeza.
Se acercaba cada vez más, estaba excitada, llena de pánico y también de curiosidad por saber quién era mi ángel negro.

Una fina mano se posó en mi hombro. Un gélido aliento erizó la piel de mi cuello. Mi delicado moño cayó y se volvió a enredar en sus dedos.
Se sentó a mi lado. No conseguía ver su cara, tampoco podía moverme porque el miedo me mantenía petrificada.
Durante un momento que se me hizo eterno su cabello comenzó a girar. Su pelo, largo y negro como mi miedo, una suavidad que se adivinaba sin rozarlo, fue dando paso a un demacrado pero mágico rostro que me hizo perder el sentido en esa lejana noche.
Sus ojos parecían vacíos, a la vez que infinitamente iluminados. Parecía que la luz de las velas había bajado su intensidad, que esos ojos la habían absorbido.

Se fue acercando.
Tenía una mano sobre mi pierna y la otra oculta bajo su capa.
Me parecía adivinar un ligero cambio en su infernal sonrisa. Una voz ronca rompió el silencio:
- Siento mis formas, pero no he encontrado mejor forma de llevar a mi lecho a una mujer tan                              hermosa
<<Tiene buen gusto, pero parece sacado de esa dichosa serie de locos. Mantén la calma. Tienes que salir de aquí.>>
- ¿Por qué yo? No entiendo cómo entre tantas mujeres hermosas he sido elegida para tal hombre y maravilloso lecho- mi mano fue deslizándose de su rodilla hacia arriba-. Supongo que no han comenzao los mil placeres que sucederán a este momento.
<<Tendré que jugar. Síguele el juego sacádo del Gótico.>>
Debajo de sus cicatrices vi un atisbo de odio, la razón... ignoraba el por qué. No había tiempo. Estaba frente a un loco maníaco, un enfermo de no sé qué cosa, pero con una mirada que me tenía embobada, reducida a pesar del miedo que fluía por cada milímetro de mi cuerpo.

Parecía un acto de magia negra, un embrujo invisibble, opté por quitarle la capa con un sutil movimiento sobre su pechera, un gesto íntimo que hizo desaparecer su sonrisa para convertirse en un gesto de sorpresa.
- ¿De verdad aceptas mi propuesta?
- No has hecho ninguna. ¿Cómo sabes que no sé cómo acabar contigo? 
- No te tengo miedo. Tú deberías tenerme miedo, horror- su gesto de desprecio casi hace que me desplome de eso mismo-. ¿Cómo es posible que seas tan ignorante? No sabes a quién tienes frente a tus narices..

Claro que lo sabía. Tenía frente a mí a un emisario de la muerte. 
Mis brazos ya no pesaban tanto, no me quedé quieta. Tenía que distraerle.
Me arropé con el poco valor que me quedaba. Nunca había tenido tanta confianza en mí misma, pero en ese momento me ardía la frase que tenía grabada bajo la seda negra: nunca creas que eres menos que jodidamente perfecta.

Y le besé.
El deseo me estaba matando desde hacía bastante tiempo.
Pero no hacia él, si no el deseo de sobrevivir.
Mientras estaba metida en la caja me inyectó una sustancia violácea, pero entaba tan débil qe no fui capaz de recordarlo hasta ese momento. Escuché que refunfuñaba, diciendo que ninguna mujer le había besado, "No sabían que en mis labios hubiesen encontrado su vida". Dios mío. Cuántas antes que yo.
Seguramente la inyección sería un maldito veneno, y el sabor amargo de su saliva sería su antídoto.
Supongo que aquello le tomó totalmente por sorpresa, pero no me extraña que nadie, ni una sola mujer, hubiese sido capaz de hacerlo, el pánico que transmitía ese ser era mucho más que pánico...

Bien. Lo difícil era el comienzo. Lo peor era salir de allí.
Siguió con la camisa. Una esbelta espalda que tensaba cada una de sus fibras. El sabor amargo estaba terminando. Parecía que iba apareciendo el dulce sabor de la libertad y de la vida. Y de cierto deseo hacia ese demonio.
Le tomé las manos. No tenía nada, pero no fue suficiente para calmarme.
Le tumbé y jugué por su pecho, dejé que sus manos pasearan por mi cuerpo, el fin se acercaba, un éxtasis distinto al que antes había conocido.

Quería seguir viva.

Pensé rápido antes de volverme loca. La puerta estaba detrás. Masticar hasta saborear su caliente flujo de vida ese músculo tan molesto del cuello, siendo un hombre tenso sería mucho más fácil. Un par de segundos entre mis dientes serían suficientes para tener tiempo de salir corriendo.

Un grito.
Una lágrima.



Lo conseguí.
Y me llevé su capa y el bonito vestido de seda.
Gané mi vida en sus labios.
Grabé el sabor dulce del deseo y de su sangre a cambio de sobrevivir.

domingo, 22 de enero de 2012

Las palabras equivocadas.





Caminaba por la arena
la orilla estaba a mis pies.
Mis zapatos aseguraban
la caída del atardecer.


Dichosa canción que rondaba mi cabeza,
Igual que la arena entre mis dedos.
La luz y el calor sonrojaban mis mejillas,
el recuerdo elevaba mi sonrisa.
Añoraba el día en el que de la mano
por aquí me llevaba el mago de la alegría.


Un tiempo en el que éramos casi perfectos,
de la mano paseábamos sin ningún por qué.
No veíamos más de la nuca del otro
pues no nos interesaba lo que pudiera haber.


La camisa empapada todavía seguía oliendo a él.
Todo lo que me rodeaba entonaba su linda canción.
mas no olvido que por muy dulce que fuera ese tiempo
ya no es más que un trozo que forma el ayer.


Buscábamos nuestro futuro en los sueños incorrectos,
deseábamos ser libres en un mundo de horrores,
escribíamos esa canción con las palabras equivocadas,
masticábamos la felicidad con la lengua envenenada.


Solíamos decir demasiado "para siempre".
Creamos nuestra atmósfera cuanto menos protectora.
Encerraba mi cabeza en el hueco y el olor de su cuello.
No nos dábamos cuenta de lo que había aquí fuera
donde un amor tan grande se hace pequeño.


El frío azotaba mis mejillas.
El mundo me estaba llamando de nuevo.
Los zapatos puestos, me pesaban.
El mago y su magia me abandonaron con su última caricia.


viernes, 13 de enero de 2012

Tópicos.





La mente humana es demasiado traicionera.
Sólo vamos a fijarnos en las distintas etapas de nuestra vida. Y comparar con lo que necesitamos y lo que ella nos proporciona:


Somos unos mocos pegados a una pared, es decir, acabamos de salir del vientre de nuestra mamá. 
Es cierto, siendo tan pequeños no estamos capacitados para hacer otra cosa que no sea comer y dormir (porque lo demás no lo controlamos), pero, algo tan indefenso, ¿por qué narices no somos capaces de ni hacer señas para decirle al mundo entero que tenemos hambre? Memoria genética. 


Bien. Crecemos un poquito. Ahora somos unos mocos verdes pegados en la pared. Tiramos ya a ser algo así como.. eso, una cosa deforme.. unas pequeñas y puñeteras esponjas. Nuestra mente absorbe todo lo que ve y oye.
Ni se te ocurra soltar algo que no quieras que en instantes vaya a reproducir (mil veces) más tarde. Nada de nada. Sé de uno que escuchó sólo una vez de su madre "¡Madre mía! ¡Vaya mojón!" y ahora no hay forma de decirle al niño que le pida a mamá o a papá que quiere ir al baño con algo más suave, es con un simple y repetitivo "Mojón, mojón!" te pille donde te pille.


Crecemos un poco más. Preadolescencia. Pero qué mal y qué bien se lo pasa uno.
¿Por qué no podemos ser capaces, ya que lo hemos mamado de nuestros padres, de darnos cuenta de eso, de que somos unos putos mocos?
Es la edad en la que nos vemos mayores, que somos felices con todo, que vemos lo que tenemos entre las piernas como un juguete que mola que te cagas, comenzamos a ser montañas de granos y puntos negros pero nos vemos preciosos con el flequillo al lado tapándonos el frontón.


Ahora... pues sigo otro día. Que la adolescencia es muy mala y ahora se me antoja dejar esto. Aleh.



domingo, 8 de enero de 2012

Una mañana de esas..








Quedaron a las seis y media en la esquina de siempre. Hacía muchísimo calor , estaba sudando como nunca. Los coloretes le estaban subiendo el tono por momentos, él se iba a dar cuenta de lo nerviosa que estaba y encima de que estaba sudorosa. Esperaba que para saludarla no le pusiese la mano en la espalda.

Llegó tan puntual como siempre. Sus pantalones favoritos, unas gafas que nunca le cubrían los ojos para mirar con una ceja levantada y una sonrisa tímida pero más bonita que nunca. Él también parecía nervioso.
La cogió de la mano y se la llevó sin abrir la boca a algún lugar que ella no conocía y que nunca sabría llegar, su mano le impedía adivinar dónde estaban. El olor a humedad se le metía en la nariz, haciendo que el sudor aumentase por momentos.
De pronto pararon. La colocó delicadamente contra la pared y acercó el cuerpo al suyo. Le quitó la mano de los ojos. Estaban en un callejón oscuro, pero al final había una luz. Se veía al fondo el mar con el sol reflejado, la gente paseaba por la orilla con las sandalias en la mano, observando lo mismo que ella. En ese momento pasaron un par de mariposas blancas danzando y se alejaron con su baile hacia la playa. Dicen que dan buena suerte. Al girar la cara, le dijo él:
- Tengo una cosa que darte. Tienes que volver a cerrar los ojos. Confía en mí.
Hizo lo que se le mandaba y todo ocurrió muy rápido. El sonido del mar, las mariposas del último beso se me metieron en el estómago y sus labios se encontraron con los de ella.
Ya no existía ni el mar, ni el callejón, ni el aire, ni el tiempo. Ahora sólo estaban ellos dos imitando a las dos mariposas blancas que se fueron a perderse al mar.

Allí terminaron los dos, sabiendo que no amarían nunca más, porque todo era un mal sueño que añorarían durante toda su vida y que fue obra de la imaginación de una chiquilla frente sus apuntes de matemáticas.
Pero como últimamente todo lo que pasa por la mente humana se suele hacer realidad... ¿Por qué su historia no podría también?





Me gusta soñar de vez en cuando.


viernes, 6 de enero de 2012

Sus mejores colores.



Se puso sus mejores colores, tanto en tela como en sus mofletes. Las manos le temblaban, los dedos no los notaba suyos, las piernas parecían querer echar a correr sin permiso.

El día anterior, en la cafetería, consiguió decidir lo que llevaba rumiando tres años: cogería su camiseta, lo sentaría de un tirón y se lo diría, aunque fuera a gritos, pero tenía que salir.

Mucho tiempo aguantado a ver si era capaz de ser una buena amiga, de ser la amante perfecta, de pasar desapercibida pero conseguir su atención.. pero el deseo de tenerle como suyo le mataba. Tenía pesadillas, no podía mirarle sin un deseo mezclado con un cosquilleo.. Una explosión que no era capaz de controlar, sabiendo que nunca sería calmado el dolor y que nunca sería suyo.
Lo tenía casi todo planeado, pero sus sentimientos seguro que estaban preparando también como hacerle la jugada cuando llegara el momento.
Cogió su chaqueta y el último vistazo al espejo.
El carmín bien escogido, la frente bien alta y se encaminaba con paso firme y las piernas en su sitio.

En la esquina le esperaba.
El perfil era su debilidad. El sol hacía la función de hacer que sus ojos se convirtiesen en luceros incluso con luz. El corazón le daba golpes en el pecho, frenético.
La mano en el bolsillo, el hombro apoyado.. Unútil describir, ni ella sabía lo que estaba viendo.

Ralentizó el paso, él miraba, las miradas se entorpecieron y ella quedó lívida frente a él.
Él tomó su mano, temblaba igual que ella. Le levantó un poco la cara y sus narices se rozaron.

Un "te amo" en silencio.
Dos personas que se pertenecen.
Un destino que los separa.



"Tú por tu camino. Yo por el mío."




171008