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lunes, 30 de enero de 2012

Un baile, una máscara.



Esta noche has querido bailar conmigo.

¿Y mañana?
¿Querrás seguir danzando conmigo sin tu máscara?

Te esperaré donde siempre: en el nido de abejas, junto a la hoguera.


Fdo: Una bruja  por la noche, mil lágrimas por la mañana.



domingo, 29 de enero de 2012

Un té y un no a "dormir".





¡Renuncio a la vida de estudiante!
Mierda... no puedo. Me quedan en realidad unos cuantos añitos más.

Querida, presento un resumen de tu futura y presunta vida.



Pipo. Eres carne para mí.



Bonita vida de perro.
Me lo comeré.


Pero no me mires así... Que así no puedo. ¡Para ya! 
¿Pero no ves que así me resulta imposible?

Ahora mismo creo que voy a comenzar a quitarme del calor, estoy chorreando dulce azúcar glass...






Paciencia y tranquilidad.




Blanco y negro.
Como la botella.
Vete a lo claro.

De un manotazo aparta lo que te impide continuar tu caminar.
Piensa que son frágiles ramas secas.

Son simples ramas secas.

sábado, 28 de enero de 2012

Una tímida sonrisa.



Hoy me he tomado la libertad de poner esta foto y divagar algunas cosas sin sentido en base a esta imagen. Espero que no me mate.








Nunca creas que eres menos que perfecta.
Y con eso en mente, siguen pasando mis días.
Porque son míos, de nadie más.


Cuando tropiece, me arrodillaré ante el problema, pensando hacia mis adentros cómo rebanarle el cuello.
Cuando me pierda haré autostop con la camiseta subida, algún salido me llevará hacia donde quiera y mi sonrisa será oculta pero intensa.
Cuando me equivoque me reiré de mi yo de hace un segundo, "¡Estúpida!", ahora toca hacerlo mejor.




La gracia está en hacerme caso a mí misma de vez en cuando.







Tírale el cigarro al loco que te interrumpa. Será gracioso el olor a camisa y carne quemada. Es como las mil que tienes tú.




Hoy nos lo hemos pasado bien.
Hemos aprendido distintas cosas en estos días.
Conocemos defectos, derechos y deberes.
Es bueno dar grandes pasos aunque haya grandes caídas.
Es genial el intercambio de "Gracias." que me causan mil sonrisas.


Amo esos efectos secundarios.




171008



viernes, 27 de enero de 2012

Quiero volar a la velocidad de la luz.



No pretendo engañar a nadie. 
Clara.
Sin máscaras.



Pensaré una forma de vivir. Sí. Vivir. Gritar un NO a la pasividad. La vida es un regalo.



Llevarme la satisfacción de haberlo hecho casi todo bien.
Sin ningún remordimiento que merezca la pena recordar.




En el fondo de todo...
En el fondo está el secreto.
Tendré paciencia y lo averiguaré.

jueves, 26 de enero de 2012

Utopía en los detalles.




Volví a aprender la lección de que la vida está en lo insignificante, en lo pequeño.

Alguien me dijo una vez que si todos hiciéramos un poquito el mundo sería perfecto. Divina Utopía.


lunes, 23 de enero de 2012

Sonrisa de gato.




La luna nos vigilaba.
Yo no vigilaba a nadie. Pensaba que estaba a solas con la noche.
Paseaba pensando que no había nada en particular en lo que pensar. Y me paré en seco.
Sus manos rozaban mi cabello, se enredaron en una dulce caricia. Al volverme mi mirada encontró sus ojos de felino, los que noté un momento antes clavados en mi nuca.
Calor.
Su sonrisa parecía sacada del mismo averno, pero me invitaba, me obligaba a caer a sus pies.
Sólo una capa que me envolvía pude ver antes de desvanecerme del placentero terror que me rodeó como esa maldita tela. Silencio...

Traqueteo.
Escuchaba los cascos de unos caballos.
Me llevaban a algún lugar. Las manos (junto al resto del cuerpo) me temblaban en una mezcla de temor y frío, las manos me sudaban al recordar esos ojos brillantes, trataba de recordar algo más de ese rostro diabólicamente perfecto. Después de una parada y un destello, volví a caer en un profundo sueño.

Telas oscuras. Mi cabeza reposaba sobre una pluma gigante. Mi ropa ya no estaba húmeda. Un ambiente extraño de velas que parecía sacado de una película de terror. Ahora parecía el momento en el que el malo aparece con la mano en alto sin que diera tiempo a ver la afilada hoja que en un instante se cargaría mis entrañas. Pero no. Qué...

¡Pero qué ropa! ¿Qué llevaba puesto? ¡Qué habitación más siniestra!
¿De dónde habían salido?
Miré hacia abajo, un vestido corto de seda negra parejo con las sábanas que hasta mi figura, seguramente, se veía como un hermoso mosaico de curvas oscuras pero brillantes a la luz de las velas.



Pasos.
Me tapé corriendo, el siseo de la capa comenzó a sonar en el fondo de lo que parecía un pasillo, la puerta estaba detrás de mi cabeza.
Se acercaba cada vez más, estaba excitada, llena de pánico y también de curiosidad por saber quién era mi ángel negro.

Una fina mano se posó en mi hombro. Un gélido aliento erizó la piel de mi cuello. Mi delicado moño cayó y se volvió a enredar en sus dedos.
Se sentó a mi lado. No conseguía ver su cara, tampoco podía moverme porque el miedo me mantenía petrificada.
Durante un momento que se me hizo eterno su cabello comenzó a girar. Su pelo, largo y negro como mi miedo, una suavidad que se adivinaba sin rozarlo, fue dando paso a un demacrado pero mágico rostro que me hizo perder el sentido en esa lejana noche.
Sus ojos parecían vacíos, a la vez que infinitamente iluminados. Parecía que la luz de las velas había bajado su intensidad, que esos ojos la habían absorbido.

Se fue acercando.
Tenía una mano sobre mi pierna y la otra oculta bajo su capa.
Me parecía adivinar un ligero cambio en su infernal sonrisa. Una voz ronca rompió el silencio:
- Siento mis formas, pero no he encontrado mejor forma de llevar a mi lecho a una mujer tan                              hermosa
<<Tiene buen gusto, pero parece sacado de esa dichosa serie de locos. Mantén la calma. Tienes que salir de aquí.>>
- ¿Por qué yo? No entiendo cómo entre tantas mujeres hermosas he sido elegida para tal hombre y maravilloso lecho- mi mano fue deslizándose de su rodilla hacia arriba-. Supongo que no han comenzao los mil placeres que sucederán a este momento.
<<Tendré que jugar. Síguele el juego sacádo del Gótico.>>
Debajo de sus cicatrices vi un atisbo de odio, la razón... ignoraba el por qué. No había tiempo. Estaba frente a un loco maníaco, un enfermo de no sé qué cosa, pero con una mirada que me tenía embobada, reducida a pesar del miedo que fluía por cada milímetro de mi cuerpo.

Parecía un acto de magia negra, un embrujo invisibble, opté por quitarle la capa con un sutil movimiento sobre su pechera, un gesto íntimo que hizo desaparecer su sonrisa para convertirse en un gesto de sorpresa.
- ¿De verdad aceptas mi propuesta?
- No has hecho ninguna. ¿Cómo sabes que no sé cómo acabar contigo? 
- No te tengo miedo. Tú deberías tenerme miedo, horror- su gesto de desprecio casi hace que me desplome de eso mismo-. ¿Cómo es posible que seas tan ignorante? No sabes a quién tienes frente a tus narices..

Claro que lo sabía. Tenía frente a mí a un emisario de la muerte. 
Mis brazos ya no pesaban tanto, no me quedé quieta. Tenía que distraerle.
Me arropé con el poco valor que me quedaba. Nunca había tenido tanta confianza en mí misma, pero en ese momento me ardía la frase que tenía grabada bajo la seda negra: nunca creas que eres menos que jodidamente perfecta.

Y le besé.
El deseo me estaba matando desde hacía bastante tiempo.
Pero no hacia él, si no el deseo de sobrevivir.
Mientras estaba metida en la caja me inyectó una sustancia violácea, pero entaba tan débil qe no fui capaz de recordarlo hasta ese momento. Escuché que refunfuñaba, diciendo que ninguna mujer le había besado, "No sabían que en mis labios hubiesen encontrado su vida". Dios mío. Cuántas antes que yo.
Seguramente la inyección sería un maldito veneno, y el sabor amargo de su saliva sería su antídoto.
Supongo que aquello le tomó totalmente por sorpresa, pero no me extraña que nadie, ni una sola mujer, hubiese sido capaz de hacerlo, el pánico que transmitía ese ser era mucho más que pánico...

Bien. Lo difícil era el comienzo. Lo peor era salir de allí.
Siguió con la camisa. Una esbelta espalda que tensaba cada una de sus fibras. El sabor amargo estaba terminando. Parecía que iba apareciendo el dulce sabor de la libertad y de la vida. Y de cierto deseo hacia ese demonio.
Le tomé las manos. No tenía nada, pero no fue suficiente para calmarme.
Le tumbé y jugué por su pecho, dejé que sus manos pasearan por mi cuerpo, el fin se acercaba, un éxtasis distinto al que antes había conocido.

Quería seguir viva.

Pensé rápido antes de volverme loca. La puerta estaba detrás. Masticar hasta saborear su caliente flujo de vida ese músculo tan molesto del cuello, siendo un hombre tenso sería mucho más fácil. Un par de segundos entre mis dientes serían suficientes para tener tiempo de salir corriendo.

Un grito.
Una lágrima.



Lo conseguí.
Y me llevé su capa y el bonito vestido de seda.
Gané mi vida en sus labios.
Grabé el sabor dulce del deseo y de su sangre a cambio de sobrevivir.

domingo, 22 de enero de 2012

Absurdo.



Encima de toda la mierda, incluso, puedo llegar a estar.



Se llama sentirse de todo menos poderosa.
Qué triste y qué humilde debe ser todo... a la vez.
Sin comerlo ni beberlo.



Las palabras equivocadas.





Caminaba por la arena
la orilla estaba a mis pies.
Mis zapatos aseguraban
la caída del atardecer.


Dichosa canción que rondaba mi cabeza,
Igual que la arena entre mis dedos.
La luz y el calor sonrojaban mis mejillas,
el recuerdo elevaba mi sonrisa.
Añoraba el día en el que de la mano
por aquí me llevaba el mago de la alegría.


Un tiempo en el que éramos casi perfectos,
de la mano paseábamos sin ningún por qué.
No veíamos más de la nuca del otro
pues no nos interesaba lo que pudiera haber.


La camisa empapada todavía seguía oliendo a él.
Todo lo que me rodeaba entonaba su linda canción.
mas no olvido que por muy dulce que fuera ese tiempo
ya no es más que un trozo que forma el ayer.


Buscábamos nuestro futuro en los sueños incorrectos,
deseábamos ser libres en un mundo de horrores,
escribíamos esa canción con las palabras equivocadas,
masticábamos la felicidad con la lengua envenenada.


Solíamos decir demasiado "para siempre".
Creamos nuestra atmósfera cuanto menos protectora.
Encerraba mi cabeza en el hueco y el olor de su cuello.
No nos dábamos cuenta de lo que había aquí fuera
donde un amor tan grande se hace pequeño.


El frío azotaba mis mejillas.
El mundo me estaba llamando de nuevo.
Los zapatos puestos, me pesaban.
El mago y su magia me abandonaron con su última caricia.


sábado, 21 de enero de 2012

Refleja tus manos. Que se extiendan al cielo.



Que tus manos sean como los árboles: todo lo que tú hagas tiene que ser igual a lo que se quede en tierra. Mírales a ellos. La misma distancia que hay del suelo hasta la última punta de sus ramas es lo mismo que hay hasta la última punta de sus raíces.



jueves, 19 de enero de 2012

El famoso sofocón.



No quiero mandarle cartas.
No quiero pensar.
No tengo muchas más fuerzas para esto.
No quiero volver leer un Te amo y llorar a lágrima viva.


Quiero sus brazos.
Quiero apretarle y no dejarle ir durante un momento.
Quiero que su sonrisa me la contagie.
Quiero contagiarle la mía cuando tengo que hacerlo.




Te odio porque haces que el no tenerte me duela.


Te quiero. Aquí.



lunes, 16 de enero de 2012

Nada del otro mundo.






Todo aquí es simple.
Nada es tan complejo como deseamos que sea en el fondo.
Es imposible que seamos tanto como queremos ser en la superficie.
No hay paciencia para desmembrar lo que sentimos. 
Sentenciamos antes de verle la cara al acusado, la moribunda, nuestra vida, nuestro día.


Como se suele decir, el día es como tú quieras.
Una de dos, o no lo quiero lo suficiente o no me quiero.
Pero hoy.. las lágrimas de ayer no salen, pero saldrán.








No es por nada en especial.
Simplemente me apetecía hacer algo triste para una foto melancólica.

Sin título y sin historia.



Me sentía así. No se sabía bien cómo estaba.
Marina hizo comenzar el día con un par de lágrimas.
El viaje fue corto.
El día lloró por mí, pero no consiguió hacer que yo llorara.


No mientras él estuviera conmigo.


Terminar la noche con el Sol. 
Un espectáculo inolvidable en un país lleno de mundos y piruetas maquilladas.


Al final el día consiguió parar de llorar.
Lloré en silencio sobre mi almohada, pero lágrimas cálidas, y de alegría. 

sábado, 14 de enero de 2012

Lo seré.




Seré una renegada, no puedo evitarlo, pero... 




El mundo entero está asustado así que me tragaré el miedo, lo único que debería beber es una fría y helada cerveza para olvidar todo esto.


Mañana volveré y seguiré corriendo hacia mi futuro.



viernes, 13 de enero de 2012

Tópicos.





La mente humana es demasiado traicionera.
Sólo vamos a fijarnos en las distintas etapas de nuestra vida. Y comparar con lo que necesitamos y lo que ella nos proporciona:


Somos unos mocos pegados a una pared, es decir, acabamos de salir del vientre de nuestra mamá. 
Es cierto, siendo tan pequeños no estamos capacitados para hacer otra cosa que no sea comer y dormir (porque lo demás no lo controlamos), pero, algo tan indefenso, ¿por qué narices no somos capaces de ni hacer señas para decirle al mundo entero que tenemos hambre? Memoria genética. 


Bien. Crecemos un poquito. Ahora somos unos mocos verdes pegados en la pared. Tiramos ya a ser algo así como.. eso, una cosa deforme.. unas pequeñas y puñeteras esponjas. Nuestra mente absorbe todo lo que ve y oye.
Ni se te ocurra soltar algo que no quieras que en instantes vaya a reproducir (mil veces) más tarde. Nada de nada. Sé de uno que escuchó sólo una vez de su madre "¡Madre mía! ¡Vaya mojón!" y ahora no hay forma de decirle al niño que le pida a mamá o a papá que quiere ir al baño con algo más suave, es con un simple y repetitivo "Mojón, mojón!" te pille donde te pille.


Crecemos un poco más. Preadolescencia. Pero qué mal y qué bien se lo pasa uno.
¿Por qué no podemos ser capaces, ya que lo hemos mamado de nuestros padres, de darnos cuenta de eso, de que somos unos putos mocos?
Es la edad en la que nos vemos mayores, que somos felices con todo, que vemos lo que tenemos entre las piernas como un juguete que mola que te cagas, comenzamos a ser montañas de granos y puntos negros pero nos vemos preciosos con el flequillo al lado tapándonos el frontón.


Ahora... pues sigo otro día. Que la adolescencia es muy mala y ahora se me antoja dejar esto. Aleh.



jueves, 12 de enero de 2012

Me siento rara.








Odio la sensación de no ser consciente de lo que ocurre.
Detesto la sensación de no estar segura, indispuesta, cansada, pero activa por obligación.
Quiero caminar, saltar, dormir, terminar esas charlas pendientes, que el tiempo no pasara pero a la vez quiero que pase el tiempo para hacer todo lo que tomo como pendiente.


Respirar, adelantarme, marchitar todo lo malo, tener algo que hacer pero que me sea ameno, todo eso. 
Pero por qué todo es lo que va a formar parte de mi vida. Esa es la pregunta.


¿Esa burbuja va a estar siempre? No sé si cambiará, no se si seguirá,  no sé si agradeceré que sea parte de mi futuro.
No sé si quiero querer eso, no sé qué me depara el puto futuro, sólo sé que no sé nada y no me hace ni puñetera gracia.


Es la adolescencia, las crisis, los cambios, métete los manuales sobre algo de lo que no se puede escribir ciencia, esto es como el planeta que nos estamos cargando: cada uno es un mundo. No me seas tan idiota como para generalizar. Es sencillo, creo que para todo no puede haber un librito, ¿Dónde está esa cabeza que se supone que tenías? Ya nos lo dan todo hecho. 


Bueno.


A la mayoría.




Mientras desvarío se me ocurren mil estupideces que decir, pero estoy escribiendo en un tono un poco... cansado, sí.
Me cabrea estar, vivir tan cansada. 
Es como si tuviera un pedo permanente (sólo he tenido dos, pero esto es parecido), sé que estoy pero no estoy.
Quiero despertarme, ni las hostias valen, pero anda que no me entero de absolutamente todo... demasiado bruja me está haciendo esta situación. 
Lo que agradezco es que todo eso me está ayudando a muchas cosas.




Señores.
Que reflexionen un poco sobre vuestra vida.
Párense. Tengo mil cosas que hacer pero es bueno de vez en cuando calentarse la olla, es incluso más sano que irse de botellona.




¡Ah! 
Eso otra.
Putos modernitos.
Pero putos de.. no sé. Oye, que yo también tengo amigos morenitos, ¿eh? Aman la fotografía y las cámaras de ocho mil pavos. De "Papiquiero", es una marca cada vez más extendida.
No digo que sean malos, la mayoría de los que conozco aman eso.. fotos estupendas, el vaso en la mano, me doy un pico con esta, bebida, me lío con no sé quién y si te he visto no me acuerdo. Eso está que te cagas.
Y bueno, lo de que tus amigos tengan que pasar el buen rato de tener que meterte debajo de la ducha porque no respondes es la monda lironda, vaya. Cada vez que me cuentan algo así no puedo parar de reírme por no matarlos de la envidia que me entra por el cuerpo.


El caso.
Sí.
También me va el rollo cristiano. Un poco a la carta, para que lo voy a negar, pero me jode un poco que no se pueda combinar mi forma de vestir y de actuar con lo de ser cristiana.
Me parecía buen momento para dejar claritas algunas cosas, por si las moscas...






Aleh, sincerada quedo.
Con un huevo de mierdas, pero así es como son.




Ya podéis comprender un poco más lo que escribo, que supongo que a nadie le interesa.
Un beso y que os zurzan (con amor) seáis como seáis.



lunes, 9 de enero de 2012

Futuro.





Ni alegría ni similares.
Indiferente total.
Pendiente de un no se sabe qué sin sabes qué pensar.

Llegó la hora de los cambios.
Al final el tiempo no me da tanto miedo...
Una frase que destruyó el silencio y levantó el resto.

Lo que se suele decir siempre: sólo queda esperar.


domingo, 8 de enero de 2012

¿?



Como que ya es difícil y tarde plantearse muchas cosas.
Muy difícil de dejar y olvidar millones de estupideces que te atornillan la chaveta cuando me imaginotu cara.
Toda una pequeña vida de preguntas y preguntas sin imaginar que pueda haber respuestas.


Hay veces que simplemente me limito a no cuestionarme, dejar de lado el método universal para el desarrollo de la vida y, simplemente, mirarme el ombligo.

Coger una bicicleta, motarla y recorrer la ciudad entera.
Los peatones me van a mirar como si estuviera loca, del todo en lo cierto. El viento azotando ladesilusión de mi rostro es capaz de arrancarla y conseguir que fluya mi sonrisa.


By the way..



(Mi único proyecto, mi único sueño de salir de mi proyecto de mierda, mi burbuja, y entrar en aquella que creamos a base de llantos y tímidos pensamientos que de vez en cuando sacamos plasmados en cartas de bolsillo…)


Brindemos.





Brindar por lo que nunca serás...

...pero mejor dar la espalda a la vida y devolverte invertido todo lo que te dio.

Camina, respira, olvida.
Graba en tu piel tu mejor traje y le pones de nuevo la cara, pero esta vez saldrás ganando, te faltacreer.
Te falta la valentía del bolsillo.


Sonrisas, un buen baño y no hay relojes: PERFECCIÓN.


Pues sí.







Habrá tiempos mejores... Pues sí.
Que estamos pasivos, nada activos, sin sed de mejora y de ver a alguien mejor que tú mismo... Pues también.
Echar una mano, es sencillo si quieres.

Hoy he aprendido una valiosa lección:
"Cuando vemos un paso de Semana Santa, un Cristo de madera embellecida, nos gusta, nos emociona, incluso echamos unas lágrimas. En cambio, si vemos un Cristo Caminante, con dos piernas, una cara distinta, desgraciado, pidiéndote ayuda sin mirarte y miras hacia otro lado... Ese Cristo ya no nos gusta."
Un gran hombre desconocido me lo ha dicho hoy.



Ojalá con una sonrisa y mirada fija hiciésemos temblar a los que vuelven la cara hacia otro lado (hacia su ombligo, exactamente).
Buena semana Pensante y que actúes mucho.


Una mañana de esas..








Quedaron a las seis y media en la esquina de siempre. Hacía muchísimo calor , estaba sudando como nunca. Los coloretes le estaban subiendo el tono por momentos, él se iba a dar cuenta de lo nerviosa que estaba y encima de que estaba sudorosa. Esperaba que para saludarla no le pusiese la mano en la espalda.

Llegó tan puntual como siempre. Sus pantalones favoritos, unas gafas que nunca le cubrían los ojos para mirar con una ceja levantada y una sonrisa tímida pero más bonita que nunca. Él también parecía nervioso.
La cogió de la mano y se la llevó sin abrir la boca a algún lugar que ella no conocía y que nunca sabría llegar, su mano le impedía adivinar dónde estaban. El olor a humedad se le metía en la nariz, haciendo que el sudor aumentase por momentos.
De pronto pararon. La colocó delicadamente contra la pared y acercó el cuerpo al suyo. Le quitó la mano de los ojos. Estaban en un callejón oscuro, pero al final había una luz. Se veía al fondo el mar con el sol reflejado, la gente paseaba por la orilla con las sandalias en la mano, observando lo mismo que ella. En ese momento pasaron un par de mariposas blancas danzando y se alejaron con su baile hacia la playa. Dicen que dan buena suerte. Al girar la cara, le dijo él:
- Tengo una cosa que darte. Tienes que volver a cerrar los ojos. Confía en mí.
Hizo lo que se le mandaba y todo ocurrió muy rápido. El sonido del mar, las mariposas del último beso se me metieron en el estómago y sus labios se encontraron con los de ella.
Ya no existía ni el mar, ni el callejón, ni el aire, ni el tiempo. Ahora sólo estaban ellos dos imitando a las dos mariposas blancas que se fueron a perderse al mar.

Allí terminaron los dos, sabiendo que no amarían nunca más, porque todo era un mal sueño que añorarían durante toda su vida y que fue obra de la imaginación de una chiquilla frente sus apuntes de matemáticas.
Pero como últimamente todo lo que pasa por la mente humana se suele hacer realidad... ¿Por qué su historia no podría también?





Me gusta soñar de vez en cuando.