Anuncio

Mostrando entradas con la etiqueta Ni te imaginas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ni te imaginas. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de mayo de 2014

Extraño y familiar.



Su estado era ya casi desagradable, no le dejaba dormir, pero sí le dejaba pensar.
Era como una especie de tortura que se adelantaba a sus aspiraciones, a sus temores, y alimentaban su ansia por sentirse viva.
No podía explicar qué era lo que sentía, porque no era real, porque ella no tenía consciencia de estar pisando tierra, pero a la vez estaba segura de que cada uno de sus actos tenían consecuencia… La mayor razón por la que tenía que actuar con cautela. Con cada uno de sus pasos y respiros contados y medidos.

Una noche más contó cada uno de los pliegues del horrendo gotelé que tapaba la pared, el que ocultaba los verdaderos muros de la casa que llamaban “hogar”. Al minuto, cayó en un profundo sueño…

Se veía a sí misma. En un tiempo y un lugar diferente. Y con una extraña pero familiar sensación de estar llegando a casa.

domingo, 11 de agosto de 2013

Lo mató por amor.




    -  Dios mío, eres como un bloque de hielo.
   - Eso me decía mi querido y joven esposo…
   - ¿Por qué cojones quiso tenerte en su vida? Llevo horas contigo y es como hablarle a un enorme glaciar, es como… -un escalofrío recorrió su cuerpo-. Todo lo que puedo sacar de ti es …frío.
  - Quizá seas el único que camine todavía que haya conseguido sacar algo que no forme parte de mi máscara. Te diré un secreto.

El pánico inundó la mente del chico. Esos ojos que tanto le recordaban parecía que estaban cambiando de color. Ese verde que llamaría la atención de cualquiera se estaba enfriando en pocos segundos, la expresión de furia dio paso a unos gélidos ojos azules.

  - Voy a ser sincera por una vez, te daré una primicia, chico: ¿sabes por qué hago todo esto? Quizá sea la curiosidad de saber si soy capaz de desafiar a eso en lo que creéis,  a lo que llamáis Dios, a eso que se supone que os protege…



Se desperezó un poco. Se giró y…
<<Mierda, va a sonar el plástico este inútil.>>
La noche anterior llegó tarde a casa, procuró no hacer demasiado ruido al meterse en la cama, y por una vez él no se despertó con esa mirada de cansancio y preocupación a la vez.
Terminó de colocarse sin que él se diese cuenta y se quedó mirando al techo, como llevaba haciendo desde que llegó a las tres de la madrugada.
Ladeó un poco la cara y vio la silueta de ese ser con el que compartía su vid… ¿vida? Como queráis llamarle. Observó cada una de sus líneas, y con ellas fue escribiendo en su mente el gran plan. ¿Cómo saldría todo?

Mientras tanto, una marca en su costado en un idioma ilegible se iba cicatrizando: “La mejor vida es aquella que no se vive.”

miércoles, 2 de enero de 2013

Humanidad.

Sabía que estaba tan cerca de la muerte que le hacía gracia seguir con las reglas del juego de la vida. Unos lo llaman ley, otros lo llaman sistema, otros simplemente prefieren aparentar que participan en ese juego. Por si a caso.

Nuestra chica, a decir verdad, no sé si sería correcto decir que respondiese a rajatabla a la definición de "mujer". Nadie cuestionaba su feminidad, no señor, era atractiva, sexy y demasiado lista para tapar a su monstruo interno con su mirada, pero lo que le faltaba por completo era el sentimiento de estar viva.
No quiero que se llegue a pensar que era el típico perfil de asesino sin humanidad, ni hablar. Nuestra chica era una máquina, pero una máquina casi perfecta.

Hubo muchas teorías buscando el por qué de lo que hizo, no os voy a relatar la extensa lista de locuras que se le ocurrieron a los periodistas morbosos y a los que le llegaron a afectar de verdad la muerte de Víctor, pero creo que el mundo tiene derecho a saber la verdad. Y no me he molestado en mirar si está preparado.

No era perfecta, tenía un punto débil, y por eso era una humana en toda regla. Y parte de mujer.
Tenía que saborear cada segundo que parecía pasar. El tacto de todo lo que rozaba, cómo el aire entraba por sus pulmones, se pellizcaba dolorosamente cuando quería que pareciese algo real. Su maldición era creer que estaba muerta. Y que se le había dado la oportunidad de seguir por el mismo camino, tirando la idea de "en la otra vida". Esto tenía un inconveniente, le daba pánico encontrarse sola. A pesar de ser un diablo con piel, necesitaba estar cerca de quien creyese que la conocía perfectamente, le gustaba que le trataran siempre de la misma manera.
Contaba que tenía siempre la sensación de estar dormida, de estar siguiendo un juego con unas reglas tan absurdas como son las que siempre ha conocido, las que se sabe perfectamente, las que se suponen que te hacen ser mejor persona. Algún día os contaré cómo sé todas estas cosas, pero creo que por ahora es suficiente bomba esto que leéis aquí.

Todo comenzó en un día de sol en plena salida del invierno. Un paso de peatones y una conversación con un don alguien que se hacía llamar amigo por teléfono.
- Dios... tengo una sensación muy rara desde hace unos días. Me siento ridícula contándolo, pero necesito saber qué piensas.
- No creo que sea nada, nena. A ver, cuéntame.
- Mira... da igual, es una estupidez, estaré cansada y...
- Venga, si has empezado, termina, siempre haces igual.
- Si es que... a ver.- se miró en el escaparate de la tienda que había al final del paso, estaba oscuro ya. Giró sobre sus pasos y siguió el camino hacia casa.- Es muy raro, parece como si estuviera siempre dormida, esa sensación que tienes cuando sueñas de que, de alguna forma, puedes controlar lo que haces. Es desesperante.
- Hay veces que pasa cuando estás muy cansada, enana. No será nada, estás agobiada, los exámenes y tal, te agobias mucho en esta época y no duermes bien. Verás que cuando tengas un par de días de sueño en condiciones estarás nueva.

Pero ella seguía con el lazo al cuello. Pasaban los días, y pasaron los años, y ese agobio de querer despertar era el que definía su vida. O lo que quiera que fuese. Una vez oyó la expresión de "estar borracho de sueño", y probó a dormir más de doce horas durante muchísimo tiempo, pero evidentemente no funcionó, y la frustración siguió aumentando. Y más rápidamente cuando mirando al techo, cada noche, quería despertar antes de ese paso de peatones, o tener a alguien a su lado cada noche que le hiciera olvidar que quizá la vida que había conocido se había ido para siempre y todo esto era una simple parodia de lo que pudo haber sido. Y mientras tanto, conoció a Víctor.

Dicen que le mató por lo que se suele decir, un asesinato pasional, fruto de un brote de locura. Pero no.
Pero no, queridos. Le mató por amor. Le mató por hacer que se sintiera viva, por sentir que alguien casi es capaz de comprobar quién era ella de verdad. Y alguien que conoce un secreto tan horrible no suele durar mucho tiempo vivo, ¿no es así?

domingo, 23 de diciembre de 2012

Lo que me parezca.

- No creo que estés en tus cabales... Fue algo tan premeditado y tan astuto que no puedes ser alguien normal.

La sala era oscura, húmeda, y en el aire se masticaba la tensión.

- ¿Quién dice que yo sólo me dejé llevar por lo que sentía? Es la típica excusa de crimen pasional, ¿no? O de una loca celosa que se movía por el odio y decidió acabar con todo.
- No te servirá de nada. La maldad es una enfermedad que nadie sabe curar, pero lo tuyo es enfermizo, Sora, la carcajada después de ver a Víctor volar en pedazos hizo que todo el mundo se volviera hacia a ti. Lo jodido es que tienes es maldita apariencia de no haber roto un plato en tu vida, "¡vaya! una demente que se ríe al ver algo explotar." Y así es como te excusaste ante el mundo.
- Querido amigo, lo hice tan bien que hasta el psicólogo que tendrás que visitar después de esto dudará de si soy o no una demente... siempre que me parezca conveniente salir de aquí, recuerda quién soy.

Silencio. Los ojos claros y cansados de ambos se miraban intensamente mientras el silencio era el señor de todo. Los nudillos del chico eran cada vez más blancos por la furia.
- Él te amaba. ¿Qué harías conmigo entonces,  que te mataría con mis propias manos?

Esa sonrisa, dulce y con luz propia, apareció con delicadeza en la cara de Sora.
- Lo mismo que hice con él: lo que me parezca.

martes, 25 de septiembre de 2012

Todos ignoramos lo que nos duele. Ese polvo que queda después de la tormenta que cubre con una fina capa todo nuestro ser, algunos lo llaman orgullo, hace que no queramos escuchar lo que nuestra razón dicta. Pero hay una minoría que va acumulando tal cantidad de orgullo no en contra de su voluntad que, un día, este se une al dolor, el tejado, quien culmina nuestra obsesión de no decir que algo se pudre en nuestro interior.
Como en todo, para cada persona esto es un mundo totalmente distinto aunque las pautas generales sean las mismas. Para unos esto es momentáneo, un segundo en el que explotas y la tormenta llega para llevárselo todo y empezar de cero, o bien... se va pudriendo lentamente en nuestro interior, casi sin darnos cuenta...
Puede llegar a ser enfermizo, u obsesivo, terrible. Es la mejor forma que tengo de explicaros qué fue lo que pudo llevar a Sora a hacer tal cosa, si es que lo que hizo atiende a razones de algún tipo. 

Los días pasaban. Los años con ellos. Todo seguía igual que cuando dijeron lo que ya sabían. Pero seguían siendo un misterio para ellos mismos, como toda mente astuta, nuestra adorable amiga guardaba siempre un as en la manga.


  - Cariño, ¿has visto mi camisa? ¡Ay que ver! El primer día y ya voy con la hora en los talones...

  - Eres un desastre. Pero te aprecio, ¿de acuerdo? 
Y allí estaba. Como siempre, tenía solución para todo. Era perfecta. Antes de que surgiera el más mínimo problema, allí estaba ella, todo solucionado,  en el final del pasillo con una mano en la cadera y la otra haciendo círculos con la camisa mientras esperaba su recompensa.
  - Eres increíble, ¿lo sabías? -un beso, un instante.
  - ¡Corre! Tienes diez minutos para llegar.
Cogió el maletín, repasó a Sora con la mirada anonadado mientras recordaba la noche anterior y salió corriendo de casa hacia su primer día de trabajo.
  - ¡Víctor!
  - Sora... Llego tarde..
  - Te quiero -y esa sonrisa, esa maldita sonrisa, le dejó sin respiración-. ¡Suerte!

Víctor era un chico sencillo. Joven, recién pasados los veinte, y su vida se centraba en hacer feliz a Sora. Lo organizó todo para buscar un trabajo y poder pagar el piso y poder compartir un trocito de su vida con la persona con la que no dormía pero le hacía soñar. Eso le bastaba para seguir adelante y haber llegado hasta donde estaba, en un coche de tercera mano de camino a esa oficina donde trabajaría de informático. Esa mañana, mientras miraba de reojo el reloj, supo que eso era lo que él quería. Ya os he dicho que era un chico sencillo. Con volver a casa y descansar sobre su pecho, él era el chico más feliz de la ciudad.



lunes, 17 de septiembre de 2012

Comenzaron a la entrada de un suave otoño, el tiempo favorito de nuestra chica. Lo que llamaba la falsa belleza, la belleza muerta. Una parte del mundo se teñía de esos ardientes colores producto de todas esas hojas marchitas, y caían mecidas por el viento.
Se conocieron y no se llegaron a acordar nunca de en qué momento se produjo ese encuentro, sólo que de pronto la obsesión de ambos al salir de clase era encontrarse en la esquina de la peluquería para ir los dos de la mano a casa, mucho antes de que se les pudiera llamar pareja.
Él se perdía en sus ojos, en su forma de hablar, en ella. Pero no quería que ella lo supiera, dicen que las chicas se ahuyentan con un suspiro, quería que fuera perfecto, y así lo hizo. Él se llamaba Víctor.
Ella.. Nadie sabe verdaderamente el objetivo de esa chica. Parecía tan normal... Como hemos dicho antes, era un experta en parecer lo que no era. Y bien, lo que se veía desde el resto del mundo era una chica que se sonrojaba cada vez que le rozaba la mejilla contra la de Víctor, Sora parecía tan normal... Nuestra pequeña maestra de las mentiras.
- Esto... ¿Sora?
- ¿Sí, Víctor?
- Tengo algo que dec...-un dedo en sus labios silenció la frase.
- Ya sé que es eso que tienes que decir. Lo sé.
Esa maldita sonrisa, el olor a caramelo que sólo notabas cuando se acercaba para despedirse. Esa vez se despidió de su amiga Sora. Se encontró con un sueño. Con un final de pesadilla.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Fue una historia de amor como otra cualquiera, de lo más corriente, nada le hacía especial. Un chico, una chica, follaban como si la noche nunca acabaran, cuando acababan dejaban el último aliento para hacer el amor, y entre tanto y tanto, contaban idioteces entre risas y algún suspiro.
Como dije, nada del otro mundo. Ni baladas que se parecieran a su relación, ni llantos, ni celos, ni halagos innecesarios... simplemente había un detalle: ella era el horror en persona.
Dicen que no cabe el mal en una mirada bonita, tanto mal bajo esos ojos dulces y esa sonrisa, sicen que llevaban casi a la locura, dicen que parecía la inocencia más sincera...
Pero era una auténtica experta en parecer lo que no era.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Ni te imaginas.

En una cafetería. Un detonador en la mochila. Espera a alguien. Alguien a quien odia está en la mesa de al lado. Se toma su cocacola, cuando la encargada se mete en esa pequeña habitaciòn, sale de la cafetería con las manos en los bolsillos. Cuando estaba lo suficientemente lejos como para no hacerse daño pero lo justo para que sus oídos casi estallaran, la tierra tembló. Silencio. Gritos. Ahora hay que contar su historia sin rastro.