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sábado, 22 de junio de 2013

Se sentía pequeña.

Siempre le surgía la misma duda: ¿Qué haces cuando algo no va a ningún sitio y no puedes hacer nada para cambiarlo?

Se sentía pequeña, ridícula y estúpida cuando después de una charla educada le temblaba el papel en la mano, necesitaba un respiro, aire fresco, suave, como la vida que anhelaba.
Le exigían hacer más por cambiar ese pequeño planeta de protocolos y máscaras bajo el mismo techo, pero cuando sabes que hace mucho que los pilares se cayeron.. queda aguantar el techo, es lo que más agota, lo que te impide hacer otra cosa que no sea eso. Y sobre el techo, el peso del mundo.

Se sentía impotente, y obligada a apartar la vista, porque había que prestar atención al peso del mundo, culpable quizás, pero cuando sabes que van a seguir aguantando mientras se desmorona poco a poco... No puedes hacer nada para cambiarlo. 

martes, 4 de junio de 2013

Del dicho al hecho.

I can feel you pull me down.



domingo, 2 de junio de 2013

Mentiras como palabras.

- ¿Y tú qué tal? Hace demasiado que no nos vemos.
Una carcajada disimulada con la típica risa nerviosa se le escapó. Metió un mechón en el café bombón que le había preparado Miguel, justo como a ella le gustaba. Jodidos nervios.
- Sí.. ya hace más de un año. Y aquí seguimos, dando vueltas y mascando el chicle.
-Sara, no sé de dónde te sacas esas.. metáforas.
Un silencio incómodo, de los que ni hablando se calmaban. A la tensión le habían salido alas y volaba con libertad por el apartamento.
- Sí que has cambiado... estar con él no te ha sentado mal.
<<Joder, ¿esto cómo me lo tomo?>>
- Sí, bu-bu-bueno, la verdad.. bueno, ya sabes lo que dicen, el entorno te influye, ¿no? Gente nueva y tal...-<<Cállate ya, Sara>> se dijo a sí misma. Un par de sorbos. Los dientes le rechinaban de la desesperación de estar manteniendo el tipo y de el quilo de azúcar que había en la taza. Tenía que salir de allí, si no, sabía lo que iba a pasar.
- ¿Qué tal con él?
- Miguel, no estoy con él aún. Deja de preguntar, por favor, no es algo con lo que me sienta cómoda habland...-le miró a los ojos y vio cómo se mordía el labio y juntaba las manos.- Oh, Miguel, entiéndeme.
Estaba demasiado nerviosa. Había sido absurdo invitarle. Demasiadas cosas habían pasado en ese apartamento, demasiadas promesas, mentiras como palabras salieron de su boca. Demasiada esperanza derrochada.
Odiaba cuando apoyaba los codos encima de las piernas separadas. Se quedaba mirando fijamente a Sara, no sabía qué quería o qué esperaba que sacaran en claro. Ya había pasado tiempo suficiente como para no sentir nada hacia él, pero notar cómo sus ojos se clavaban en cada uno de los rincones de su cuerpo le hacía temblar.
Se terminó el café rápidamente y lo puso con fuerza en la mesa.
- Vamos a dejar de jugar, en serio.. ¿A qué has venido?
- Fuiste tú quien me invitó a venir.
Ese tono.. tranquilo y dejando ver su egocentrismo y su malicia al hablar. Tenía que medir cada palabra al milímetro, cada mirada y su intensidad. Estaba alerta a todos sus gestos, como siempre.
- Pensé que igual necesitabas hablar, las paredes tienen oídos y luego ellas me chillan a mí todo lo que pides.
- No necesito tu caridad. - esa voz, se heló. ¿Quién era? Ciertamente se equivocó de todas todas con él.
- Miguel, me da miedo todo esto. ¿Qué has hecho? ¿Por qué niegas lo que todo el mundo te ha oído decir? Es absurdo.
- La gente dice muchas cosas, pero.. siempre has creído antes al resto que a mí.
<<No... no hablemos de esto. El ca...>>
- Anda, tómate el café que se enfría. De verdad, no quiero entrar en ese tema.
Y entonces, como si algo le poseyera, Miguel la miró fijamente mientras se levantaba con una lentitud más que parsimoniosa. Con un tranquilo gesto de la mano, tiró a un lado el café. Sara flaqueó. Se quedó en blanco. Todo se volvió negro. <<El caf...>>




El primer rayo entró en la habitación. 

¿Qué había pasado?




Volver.

Cuando pasas muchos años con alguien, es inevitable que en algún momento se vuelva a ser el mismo de siempre. ¿Qué te va a dar miedo, lo que piensen? Si te lo van a decir igual, mejor que sean ellos quienes escuchen lo que necesites decir, aunque sea en un rato, entre risas y bestial naturalidad.
Esa forma de ser, la que llevamos ejerciendo desde que "el pavo" nos picó por primera vez, le cuesta salir, a unos más que a otros, pero da gusto volver a juntarse, sin prisa, sin hora, en el sitio adecuado y con la gente adecuada.

Aunque se nos olvide que nos tenemos, espero que podamos seguir recordándolo las veces que sean posibles.

sábado, 11 de mayo de 2013

Hasta que la soga tire de mí.

Cerrar la puerta.
La piernas me flaquean un poco, y me siento estúpida.
Joder, qué fácil sería acostumbrarse a él.

La realidad tira de la soga de mi cuello para bajarme al suelo. No es el rocío que dejan las nubes en las que estaba hace un rato, son lágrimas que se escapan por la impotencia, que resbalan ácidas y me queman por dentro. 

Un escalofrío me recorre de pies a cabeza, me estremezco y el sudor frío me empapa, pero me alivia el ardor que me produce la realidad en el estómago. 
Respiro y me recuerdo a mí misma que el mañana me lo traerá de nuevo al hueco de mi cuello. 
Y su olor me llevará de nuevo a las nubes de las que acabo de bajar, hasta que la soga tire de mí de nuevo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Alivio sabor a alcohol.

- Una botella, tengo antojo. - <<Poco va a durar.>> Pensó para sus adentros.
- ¿De qué?
- No lo sé, lo que sea, me da igual- decía marcando el ritmo de sus súplicas con el puño contra la madera-, lo que me haga olvidar hasta la vuelta a casa.
- La botella azul, ¿no?
No sabía ni lo que era, pero taparía el sabor.
- La de siempre.

Desde que entró por esa puerta mugrienta con el póster del primer cohete que pisó la luna y esa estúpida bandera que se mueve en la quietud del papel no se oyó un alma en el local.
Por la ventana miraban curiosos a los que iban a ese bar, manteniendo un casi religioso respeto por los que quieren olvidar mientras les perdía el alcohol de sabor a sus propias vidas.

Con un toque agridulce en la lengua y el pecho, dio el último trago mientras una alondra se colaba por el hueco del respiradero. Mientras veía cómo las plumas de la cabeza se le levantaban, se le antojó un pequeño orgullosos, tan bello... y su trino, perfecto para ser lo más hermoso que oiría hasta...

Metió la mano en el bolsillo, cogió la jarra y vació la botella en ella, echó el polvo que le salvaría de todo lo que le quería olvidar.

Mientras la alondra seguía con su trino, el pequeño pájaro y su vida escaparon por la ventana.

domingo, 7 de abril de 2013

Fight.


Unos de los defectos de una persona es el no ser consciente de cómo son las cosas hasta que no las sufre en todos los sentidos posibles.
El dolor, esa típica frase de "Lo siento", la mentira más sutil del mundo, tapada por el peso de la compasión. Nadie sabrá el dolor que está astillando tu ser lámina a lámina, trocito a trocito, mientras se clavan en lo poco que te quede entero.
La felicidad, esa típica frase de "Me alegro por ti", otra de las mentiras que rigen nuestra educación, que tapa a miles de cosas, tanto buenas como malas. Quien recompone tu ser, lo que genera una serie de destellos que avivan la llama de tu vida.

El hombre es un experimento en sí mismo. Siempre en la eterna búsqueda de sentirlo todo, nos diferenciamos unos de otros por la impaciencia de sentirlo a su justa medida y en su debido tiempo o no esperar a nada.
El hombre lucha por mirar, unos ven y otros no, mirar cómo la vida va pasando entre sus manos. Unos cogen sus hilos y otro se atan las muñecas y el cuello para que otro los coja por él.