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jueves, 7 de febrero de 2013

Algo que escribir.

Ven y da un paseo conmigo.

Respira y suelta el aire lentamente, saboreando tu propio aliento y elévanos un par de metros sobre este mar de almas soberbias.
Caminemos sobre sus cabezas, siendo quienes revuelvan sus conciencias a patadas. Escupamos sus capas de valor tejido con sus miedos, y caminemos.

Mira allí, ¿ves esa mancha gris? El pensamiento de esa pobre mujer, cada día que observo su triste estela... se va haciendo cada vez más negra.
Siempre encapuchada, cree no tener dignidad ni para tener una capa propia aunque sea de miedo puro, cree no tener nada más que lo puesto. 

Cada día trato de hacer que levante esa cabeza, que sonría, que sea capaz de reconocer que aunque no tenga nada sigue siendo persona, y toda persona tiene derecho a sonreír, ¿no crees?

Por mucho que le grite, es absurdo. Aparta mi voz como si fuera un molesto insecto y me quedo quieta mirando esa tela gris que cubre el cabello.
Todo el mundo pasa y no se atreve a mirar, es invisible, las máscaras de seguridad del mundo que gira en torno a ella caminan solemnes frente a su realidad, frente sus narices, pavoneándose de felicidad y excesos, mientras ella no puede presumir más que de un cartón en el suelo y de las sobras del supermercado.

- ¡Mira! Parece que ha girado la cabeza... No puede ser.

- Desde luego, llevo años intentando que me escuches. ¿No me recuerdas?

- ¿Dónde estamos? ¿Por qué estoy ahí? 

- Te he llevado al fondo de tu mente, donde ni tú misma te puedes engañar. Te has quedado dormida, el frío te está apagando poco a poco. Te has hundido tanto en tu propia realidad que sólo piensas en que acabe todo. Tienes que despertar.

-¿De qué sirve? ¿Para ver más gente echarme monedas sin mirarme a la cara? ¿Para no pensar en otra cosa que no sea que termine mi tiempo ya? Me siento anciana, estúpida e igual que la basura que recojo cada noche, si no peor.

- Tienes una vida por delante. Una vida es algo tan relativo como tú desees que sea. Puedes terminar con ella dejando que se consuma y se deshaga como ese cartón en el que duermes bajo la lluvia o buscar una nueva que incluya un futuro. Piénsatelo, si deseas acabar.. volveré a por ti.




El aire volvió a llenar su pecho abrasando sus pulmones con esa ráfaga de vida.
No podía mover los dedos, estaban casi congelados. 
Pero hizo por levantarse, se quitó la capucha para recibir un poco de sol en la cara, y mientras calentaba sus mejillas con la luz que se colaba entre las nubes, la gente se dio cuenta de su presencia, de la vida que estaba irradiando en esos instantes sin que ella se diera cuenta. 
Una niña cruzó el paso de peatones, corriendo y con gracia. Llevaba unas cuantas monedas que su madre le había dado mientras la vigilaba desde la otra acera. En la otra mano, una carta.
- Jopé, qué ojos más bonitos.. ¿qué haces aquí sola? ¿Y tu mamá?

Las lágrimas casi ahogan a esa niña que parecía una mujer.
- No.. no lo sé, hace mucho que no les veo.
- Bueno... seguro que te están buscando. Mi mamá me ha traído para darte una carta. Lo que pasa es que.. es que no se tu nombre.

Ya casi no se acordaba. Tenía un nombre. Se le haría extraño volver a oírlo.
- Alana, me llamo Alana.
- ¡Aaaalaaah! Que nombre más raaaaro.. -dijo la pequeña rubia arrugando la nariz. Sacó un lápiz del bolsillo y le preguntó- Mmmmmm, ¿te importa agacharte? No quiero que se moje.
- ¡Ah! No, claro que no.
Una tormenta de dudas se formaba en su cabeza. Tenía un nombre. Hacía un momentos estaba a punto de quedarse congelada sin que nadie reparara en que un alma se desvanecía con el vaho del último aliento.

-¡Ya! No lo leas hasta que no me vaya, ¿vale? Y toma, come algo, en esa tienda de allí te han guardado mi pastel favorito, pero... -le hizo un gesto con la mano para que se agachara y le dijo al oído-. Te gusta la nata, ¿no? A todo el mundo le gusta.
Nada más que de recordar el sabor el estómago le dio un brinco.
- Claro, me encanta la nata.
-¡Uff! Menos mal, mamá tenía razón...-le dio un fuerte beso en la mejilla y salió corriendo, gritaba mientras abrazaba a su madre- ¡Ya puedes leerlo!
- ¡No me has dicho tu nombre! -intentó gritar con la poca fuerza que tenía. Pero ya se había perdido entre la multitud.
Abrió la mano y empezó a leer la carta. No debía de tener más de seis años esa pequeña princesa por la letra con la que había escrito su nombre en el sobre. El interior era letra de adulto. La carta decía así.

"Vivimos justo en el portal donde te echas a dormir en los días de lluvia. Más de una vez he sido quien te ha dejado comida a tu lado con miedo a que no volvieras, las veces que me he asustado creyendo que no respirabas.
Mi hija lleva insistiendo en que la habitación que tenemos en casa para la ropa deberíamos utilizarla para algo bueno, y he decidido devolverle al mundo el favor que me hicieron a mí.
Sé lo que escondes, hace unos seis años me encontraba exactamente igual que tú, la solidaridad de una anciana sin familia me dio una oportunidad.
Al final de este papel pone mi dirección completa, cuando quieras, Sofía y yo te esperaremos encantadas. 

Un beso muy fuerte. Ánimo."


Notó una pequeña patadita, la primera, y se dio cuenta de que no iba a buscar una nueva vida. Era la propia vida quien les había encontrado.

martes, 22 de enero de 2013

"The life killed the dream I dreamed."

Me froté los ojos, el sol me acariciaba con su calor, pero su calor ya no estaba al otro lado de la cama. Las sábanas estaban revueltas, una curiosa imagen, totalmente nueva.
La puerta estaba abierta, el sonido de unas llaves terminaba con su paso por mi vida.
Sólo quedaban recuerdos, lágrimas que quedaban por llegar y un vació en mis manos por no encontrar más las suyas.

Él cogió mi niñez, sus cosas y no volvió, igual que mis risas de dicha de la noche anterior.
Sabía que tarde o temprano pasaría esto, pero nunca se está preparado para lo malo.



Sabía que era algo que tenía que olvidar, se acabó, no más títulos, ni promesas sin verdad, ni mentiras a secas.
Sabía que en algún momento iba a terminar.

miércoles, 16 de enero de 2013

Querida señora de la casa de la esquina.

A lo mejor le ha llegado su hora, no sé, quién sabe, pero hace un par de años que no veo a esa señora vestida de negro y a su plantita en la ventana. Tendré un detalle, esté donde esté tengo la sensación de que lo leerá.

Querida señora de la casa de la esquina. Creo que sólo una vez hablé con usted, y su voz todavía hace eco en mi memoria cuando salgo a dar el paseo de la mañana de mis dos pequeños compañeros de piso. Siempre que salía estaba oscuro, casi nunca estaba el sol despierto cuando escuchaba cómo su persiana se levantaba a las 7 menos 20 de la mañana, y se quedaba mirando a ver lo que hacía. No sé si alguna vez se dio cuenta de que yo también le observaba a usted, me encantaban las ondas que hacia su pelo a veces gris y a veces blanco, esa sonrisa que se me ponía cuando le veía disimular con su pequeña plantita, me gustaba saber que alguien, cuando todo el mundo dormía, esta a pendiente de lo que hacía,
Un sentimiento estúpido, pero lo hecho de menos. Sea cual sea el sitio donde se encuentre ahora, que sepa que sigo mirando la persiana naranja amarillenta cada mañana, esperando a volver a ver aunque sea una planta cualquiera, pero que esté bien.





Dejé el papelito metido bajo la persiana. 

***

Me he vuelto a pasar esta mañana. Un suspiro de alivio a resonado en la calle vacía. Un papelito escrito con una perfecta caligrafía rezaba un "Gracias, pequeña.". Mientras las lágrimas tiraban de mi pecho, el viento y la lluvia acompañaron al pequeño trozo de papel a otro lugar, dejándome con una alegría que soy incapaz de explicar.

miércoles, 2 de enero de 2013

Humanidad.

Sabía que estaba tan cerca de la muerte que le hacía gracia seguir con las reglas del juego de la vida. Unos lo llaman ley, otros lo llaman sistema, otros simplemente prefieren aparentar que participan en ese juego. Por si a caso.

Nuestra chica, a decir verdad, no sé si sería correcto decir que respondiese a rajatabla a la definición de "mujer". Nadie cuestionaba su feminidad, no señor, era atractiva, sexy y demasiado lista para tapar a su monstruo interno con su mirada, pero lo que le faltaba por completo era el sentimiento de estar viva.
No quiero que se llegue a pensar que era el típico perfil de asesino sin humanidad, ni hablar. Nuestra chica era una máquina, pero una máquina casi perfecta.

Hubo muchas teorías buscando el por qué de lo que hizo, no os voy a relatar la extensa lista de locuras que se le ocurrieron a los periodistas morbosos y a los que le llegaron a afectar de verdad la muerte de Víctor, pero creo que el mundo tiene derecho a saber la verdad. Y no me he molestado en mirar si está preparado.

No era perfecta, tenía un punto débil, y por eso era una humana en toda regla. Y parte de mujer.
Tenía que saborear cada segundo que parecía pasar. El tacto de todo lo que rozaba, cómo el aire entraba por sus pulmones, se pellizcaba dolorosamente cuando quería que pareciese algo real. Su maldición era creer que estaba muerta. Y que se le había dado la oportunidad de seguir por el mismo camino, tirando la idea de "en la otra vida". Esto tenía un inconveniente, le daba pánico encontrarse sola. A pesar de ser un diablo con piel, necesitaba estar cerca de quien creyese que la conocía perfectamente, le gustaba que le trataran siempre de la misma manera.
Contaba que tenía siempre la sensación de estar dormida, de estar siguiendo un juego con unas reglas tan absurdas como son las que siempre ha conocido, las que se sabe perfectamente, las que se suponen que te hacen ser mejor persona. Algún día os contaré cómo sé todas estas cosas, pero creo que por ahora es suficiente bomba esto que leéis aquí.

Todo comenzó en un día de sol en plena salida del invierno. Un paso de peatones y una conversación con un don alguien que se hacía llamar amigo por teléfono.
- Dios... tengo una sensación muy rara desde hace unos días. Me siento ridícula contándolo, pero necesito saber qué piensas.
- No creo que sea nada, nena. A ver, cuéntame.
- Mira... da igual, es una estupidez, estaré cansada y...
- Venga, si has empezado, termina, siempre haces igual.
- Si es que... a ver.- se miró en el escaparate de la tienda que había al final del paso, estaba oscuro ya. Giró sobre sus pasos y siguió el camino hacia casa.- Es muy raro, parece como si estuviera siempre dormida, esa sensación que tienes cuando sueñas de que, de alguna forma, puedes controlar lo que haces. Es desesperante.
- Hay veces que pasa cuando estás muy cansada, enana. No será nada, estás agobiada, los exámenes y tal, te agobias mucho en esta época y no duermes bien. Verás que cuando tengas un par de días de sueño en condiciones estarás nueva.

Pero ella seguía con el lazo al cuello. Pasaban los días, y pasaron los años, y ese agobio de querer despertar era el que definía su vida. O lo que quiera que fuese. Una vez oyó la expresión de "estar borracho de sueño", y probó a dormir más de doce horas durante muchísimo tiempo, pero evidentemente no funcionó, y la frustración siguió aumentando. Y más rápidamente cuando mirando al techo, cada noche, quería despertar antes de ese paso de peatones, o tener a alguien a su lado cada noche que le hiciera olvidar que quizá la vida que había conocido se había ido para siempre y todo esto era una simple parodia de lo que pudo haber sido. Y mientras tanto, conoció a Víctor.

Dicen que le mató por lo que se suele decir, un asesinato pasional, fruto de un brote de locura. Pero no.
Pero no, queridos. Le mató por amor. Le mató por hacer que se sintiera viva, por sentir que alguien casi es capaz de comprobar quién era ella de verdad. Y alguien que conoce un secreto tan horrible no suele durar mucho tiempo vivo, ¿no es así?

sábado, 29 de diciembre de 2012

.

Qué horror cuando se junta el hambre con las ganas de comer.
Se llama la Ley de un tal Murphy, aquella que da por saco en cuanto puede, aquella que hace que desees echarte a dormir y esperar a que cuando amanezca sea otro día, y distinto, y mejor.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Lo que me parezca.

- No creo que estés en tus cabales... Fue algo tan premeditado y tan astuto que no puedes ser alguien normal.

La sala era oscura, húmeda, y en el aire se masticaba la tensión.

- ¿Quién dice que yo sólo me dejé llevar por lo que sentía? Es la típica excusa de crimen pasional, ¿no? O de una loca celosa que se movía por el odio y decidió acabar con todo.
- No te servirá de nada. La maldad es una enfermedad que nadie sabe curar, pero lo tuyo es enfermizo, Sora, la carcajada después de ver a Víctor volar en pedazos hizo que todo el mundo se volviera hacia a ti. Lo jodido es que tienes es maldita apariencia de no haber roto un plato en tu vida, "¡vaya! una demente que se ríe al ver algo explotar." Y así es como te excusaste ante el mundo.
- Querido amigo, lo hice tan bien que hasta el psicólogo que tendrás que visitar después de esto dudará de si soy o no una demente... siempre que me parezca conveniente salir de aquí, recuerda quién soy.

Silencio. Los ojos claros y cansados de ambos se miraban intensamente mientras el silencio era el señor de todo. Los nudillos del chico eran cada vez más blancos por la furia.
- Él te amaba. ¿Qué harías conmigo entonces,  que te mataría con mis propias manos?

Esa sonrisa, dulce y con luz propia, apareció con delicadeza en la cara de Sora.
- Lo mismo que hice con él: lo que me parezca.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Hasta ellos te traicionan.

No puedes creer ni en tu propia mente, te juega malas pasadas recreándose en tus deseos, esos que despierto no quieres nombrar, porque las manos sudan y el latido se acelera.
Sentirme tranquila, casi no siendo consciente de que lo que estás viviendo no es real, sentir que cada uno de mis músculos está tejido con felicidad, y todo gracias a quien me coge la mano en esa tarde típica de otoño, en un lugar desconocido pero con el atractivo de ser mi hogar. Y el suyo. Porque quien me coge de la mano por fin tiene su propio rostro, su propio olor, no es esa figura que me acompaña sin identidad alguna, esa mancha con calor que me seguía  a todas partes y esa estúpida sensación de que ese algo no era nada.
Tenía nombres y apellidos, ¿alegría? ¿terror? Un saco enorme que pesaba toneladas caía de pronto sobre mi cabeza, ¿de qué puñetas hay que vaciar ese saco ahora? ¿A cuál de las voces hay que asesinar a sangre fría, a la que dice que me deje llevar o a la que me dice que no me vuelva a ilusionar con algo de lo que no estoy segura, de algo que tiene que ver con ese puto futuro que nadie conoce?
Debo reconocer que ese jodido futuro es el amigo que me lleva al morbo por conocerle pero que está siempre tan escondido en su juego de secretos que nunca quiero tener cuentas con él nada más que para quedadas que no tienen nada que ver con lo fortuito.

Cuando consigo quitarme esa felicidad por lo que no es real con el despertador, lo primero que se me pasa por la cabeza es un odio inconcebible, ¿qué ha hecho conmigo? Se me vuelven a tambalear mis esquemas de no desear nada que esté más lejano de lo que pueda controlar.
Quién eres tú para hacer que se disparen los sentidos en un jodido sueño.