Hoy especialmente me gustaría hacer "pública" una reflexión.
En especial, me dirijo a todos aquellos adictos tanto al Corte Inglés, como a sus ofertas, como a los regalos que cuestan ojo y medio de la cara y que no sirven para nada. Se puede tomar como una llamada semi-anónima al sentido común de la que carece nuestra sociedad de consumo.
Siempre he creído que el mejor regalo es aquel que puede hacer falta y que te ha costado algo más que dinero, que te haya costado pensar, utilizar la imaginación con cariño, sobretodo que no sea algo que haya salido de una fábrica distinta a la de tus manos. Algo único.
En definitiva. Estas fechas se han convertido en estrés, agobios, gastos y excesos. Pero es una generalización, por supuesto. Ahora es cuando cabe la iniciativa de ser un poco más especiales que los demás, y hacer a los de nuestro alrededor vivir la Navidad como algo increíble.
No es tiempo de magia, es tiempo de realidad.
Es tiempo de hacer realidad las buenas intenciones y las buenas relaciones con la gente que adoramos.
Es una oportunidad para nacer de nuevo, pero con la suerte de ser conscientes de lo que fuimos y de lo que queremos ser.
Sencillamente, Feliz Navidad.




