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sábado, 30 de marzo de 2013

Volvemos a lo pequeño.

Podemos crecer, envejecer, madurar, olvidar, llorar, rabiar de dolor, que hasta al más duro hombre y el abuelo más cascarrabias... bien tengo la certeza de que alguien tan chiquitito puede arrancarle una media sonrisa de cuajo, ¡aunque no se vea!

Mi eterno e incansable consejo, uno que aprendí del papá de la enana que veis aquí: nunca dejéis atrás el niño que tenemos dentro. Y dejemos que ellos nos ayuden a seguir adelante con los problemas hechos trizas, siendo tan pequeños... pueden con todo :)


jueves, 14 de marzo de 2013

Auch.

Pedimos ayuda cuando sabemos que va a ocurrir otra vez, aunque no queramos.
Sabemos que no podemos culpar a nadie por ver cómo se derrumba lo que nos rodea.

Nos sentimos pequeños.
Nada peor que perdernos a nosotros mismos.
Saber que quienes nos hacemos daño somos nosotros mismos.

Nada mejor que saber quién nos levantará.



Plis!

Chispazos que te da la vida. 
Luz que te da nuevos puntos de vista.
Personas que te hacen ver la vida desde otras perspectivas, que te hacen sentir una loca, porque te hacen creer que es posible un paseo por días felices. Que te han hecho dar el paseo por ese lugar entre nubes, que por una vez es producto de esa niebla de realidad.





Parece una locura una vida en la que cada día sea feliz,  con cosas sencillas, con paz.

jueves, 21 de febrero de 2013

Por lo que..

Por lo que perdimos.
Por lo que nunca tuvimos.
Por aquello que fuimos.
Por lo que disfrutamos.
Por lo que reímos.
Por lo que añoramos.
Por lo que sentimos.
Por lo que dimos.
Por lo que no recibimos.
Por lo que adoramos.
Por lo que nos rendimos.
Por lo que nos levantamos.
Por lo que vimos.
Por lo que lloramos.
Por todo esto.. es por lo que vivimos.

La niñez se escapa como el aliento cuando nos cansamos. Como el reflejo de encogernos cuando tenemos miedo. Como la sonrisa cuando vemos a ese ángel   que está a nuestro lado, el que se puede tocar. 
La niñez es un tesoro por el que merece la pensa seguir sacando monedas, siempre en la justa medida, siempre en el momento oportuno, y como te descuides y te dejes llevar, desaparece. Un tesoro.. se define así porque es algo que queremos conservar... ¿no?

La niñez es aquello que nos define. No seamos estúpidos y hagamos de todos esos pasados un gran gerundio.




Suerte.

jueves, 7 de febrero de 2013

Algo que escribir.

Ven y da un paseo conmigo.

Respira y suelta el aire lentamente, saboreando tu propio aliento y elévanos un par de metros sobre este mar de almas soberbias.
Caminemos sobre sus cabezas, siendo quienes revuelvan sus conciencias a patadas. Escupamos sus capas de valor tejido con sus miedos, y caminemos.

Mira allí, ¿ves esa mancha gris? El pensamiento de esa pobre mujer, cada día que observo su triste estela... se va haciendo cada vez más negra.
Siempre encapuchada, cree no tener dignidad ni para tener una capa propia aunque sea de miedo puro, cree no tener nada más que lo puesto. 

Cada día trato de hacer que levante esa cabeza, que sonría, que sea capaz de reconocer que aunque no tenga nada sigue siendo persona, y toda persona tiene derecho a sonreír, ¿no crees?

Por mucho que le grite, es absurdo. Aparta mi voz como si fuera un molesto insecto y me quedo quieta mirando esa tela gris que cubre el cabello.
Todo el mundo pasa y no se atreve a mirar, es invisible, las máscaras de seguridad del mundo que gira en torno a ella caminan solemnes frente a su realidad, frente sus narices, pavoneándose de felicidad y excesos, mientras ella no puede presumir más que de un cartón en el suelo y de las sobras del supermercado.

- ¡Mira! Parece que ha girado la cabeza... No puede ser.

- Desde luego, llevo años intentando que me escuches. ¿No me recuerdas?

- ¿Dónde estamos? ¿Por qué estoy ahí? 

- Te he llevado al fondo de tu mente, donde ni tú misma te puedes engañar. Te has quedado dormida, el frío te está apagando poco a poco. Te has hundido tanto en tu propia realidad que sólo piensas en que acabe todo. Tienes que despertar.

-¿De qué sirve? ¿Para ver más gente echarme monedas sin mirarme a la cara? ¿Para no pensar en otra cosa que no sea que termine mi tiempo ya? Me siento anciana, estúpida e igual que la basura que recojo cada noche, si no peor.

- Tienes una vida por delante. Una vida es algo tan relativo como tú desees que sea. Puedes terminar con ella dejando que se consuma y se deshaga como ese cartón en el que duermes bajo la lluvia o buscar una nueva que incluya un futuro. Piénsatelo, si deseas acabar.. volveré a por ti.




El aire volvió a llenar su pecho abrasando sus pulmones con esa ráfaga de vida.
No podía mover los dedos, estaban casi congelados. 
Pero hizo por levantarse, se quitó la capucha para recibir un poco de sol en la cara, y mientras calentaba sus mejillas con la luz que se colaba entre las nubes, la gente se dio cuenta de su presencia, de la vida que estaba irradiando en esos instantes sin que ella se diera cuenta. 
Una niña cruzó el paso de peatones, corriendo y con gracia. Llevaba unas cuantas monedas que su madre le había dado mientras la vigilaba desde la otra acera. En la otra mano, una carta.
- Jopé, qué ojos más bonitos.. ¿qué haces aquí sola? ¿Y tu mamá?

Las lágrimas casi ahogan a esa niña que parecía una mujer.
- No.. no lo sé, hace mucho que no les veo.
- Bueno... seguro que te están buscando. Mi mamá me ha traído para darte una carta. Lo que pasa es que.. es que no se tu nombre.

Ya casi no se acordaba. Tenía un nombre. Se le haría extraño volver a oírlo.
- Alana, me llamo Alana.
- ¡Aaaalaaah! Que nombre más raaaaro.. -dijo la pequeña rubia arrugando la nariz. Sacó un lápiz del bolsillo y le preguntó- Mmmmmm, ¿te importa agacharte? No quiero que se moje.
- ¡Ah! No, claro que no.
Una tormenta de dudas se formaba en su cabeza. Tenía un nombre. Hacía un momentos estaba a punto de quedarse congelada sin que nadie reparara en que un alma se desvanecía con el vaho del último aliento.

-¡Ya! No lo leas hasta que no me vaya, ¿vale? Y toma, come algo, en esa tienda de allí te han guardado mi pastel favorito, pero... -le hizo un gesto con la mano para que se agachara y le dijo al oído-. Te gusta la nata, ¿no? A todo el mundo le gusta.
Nada más que de recordar el sabor el estómago le dio un brinco.
- Claro, me encanta la nata.
-¡Uff! Menos mal, mamá tenía razón...-le dio un fuerte beso en la mejilla y salió corriendo, gritaba mientras abrazaba a su madre- ¡Ya puedes leerlo!
- ¡No me has dicho tu nombre! -intentó gritar con la poca fuerza que tenía. Pero ya se había perdido entre la multitud.
Abrió la mano y empezó a leer la carta. No debía de tener más de seis años esa pequeña princesa por la letra con la que había escrito su nombre en el sobre. El interior era letra de adulto. La carta decía así.

"Vivimos justo en el portal donde te echas a dormir en los días de lluvia. Más de una vez he sido quien te ha dejado comida a tu lado con miedo a que no volvieras, las veces que me he asustado creyendo que no respirabas.
Mi hija lleva insistiendo en que la habitación que tenemos en casa para la ropa deberíamos utilizarla para algo bueno, y he decidido devolverle al mundo el favor que me hicieron a mí.
Sé lo que escondes, hace unos seis años me encontraba exactamente igual que tú, la solidaridad de una anciana sin familia me dio una oportunidad.
Al final de este papel pone mi dirección completa, cuando quieras, Sofía y yo te esperaremos encantadas. 

Un beso muy fuerte. Ánimo."


Notó una pequeña patadita, la primera, y se dio cuenta de que no iba a buscar una nueva vida. Era la propia vida quien les había encontrado.

martes, 22 de enero de 2013

"The life killed the dream I dreamed."

Me froté los ojos, el sol me acariciaba con su calor, pero su calor ya no estaba al otro lado de la cama. Las sábanas estaban revueltas, una curiosa imagen, totalmente nueva.
La puerta estaba abierta, el sonido de unas llaves terminaba con su paso por mi vida.
Sólo quedaban recuerdos, lágrimas que quedaban por llegar y un vació en mis manos por no encontrar más las suyas.

Él cogió mi niñez, sus cosas y no volvió, igual que mis risas de dicha de la noche anterior.
Sabía que tarde o temprano pasaría esto, pero nunca se está preparado para lo malo.



Sabía que era algo que tenía que olvidar, se acabó, no más títulos, ni promesas sin verdad, ni mentiras a secas.
Sabía que en algún momento iba a terminar.

miércoles, 16 de enero de 2013

Querida señora de la casa de la esquina.

A lo mejor le ha llegado su hora, no sé, quién sabe, pero hace un par de años que no veo a esa señora vestida de negro y a su plantita en la ventana. Tendré un detalle, esté donde esté tengo la sensación de que lo leerá.

Querida señora de la casa de la esquina. Creo que sólo una vez hablé con usted, y su voz todavía hace eco en mi memoria cuando salgo a dar el paseo de la mañana de mis dos pequeños compañeros de piso. Siempre que salía estaba oscuro, casi nunca estaba el sol despierto cuando escuchaba cómo su persiana se levantaba a las 7 menos 20 de la mañana, y se quedaba mirando a ver lo que hacía. No sé si alguna vez se dio cuenta de que yo también le observaba a usted, me encantaban las ondas que hacia su pelo a veces gris y a veces blanco, esa sonrisa que se me ponía cuando le veía disimular con su pequeña plantita, me gustaba saber que alguien, cuando todo el mundo dormía, esta a pendiente de lo que hacía,
Un sentimiento estúpido, pero lo hecho de menos. Sea cual sea el sitio donde se encuentre ahora, que sepa que sigo mirando la persiana naranja amarillenta cada mañana, esperando a volver a ver aunque sea una planta cualquiera, pero que esté bien.





Dejé el papelito metido bajo la persiana. 

***

Me he vuelto a pasar esta mañana. Un suspiro de alivio a resonado en la calle vacía. Un papelito escrito con una perfecta caligrafía rezaba un "Gracias, pequeña.". Mientras las lágrimas tiraban de mi pecho, el viento y la lluvia acompañaron al pequeño trozo de papel a otro lugar, dejándome con una alegría que soy incapaz de explicar.