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lunes, 10 de septiembre de 2012

Lo que éramos.


Recuerdo cuando todo se resolvía tapándonos con la sábana hasta la nariz esperando a que algo saliera de debajo de la cama o visitara nuestra habitación esa noche, como en esas películas que ponen en la televisión, que tanto le gusta a la gente. Esperábamos que cualquier cosa ocurriera, puesto que estábamos seguros de que el final, pasara lo que pasara, sería feliz, si no fuera así no veríamos esas películas en la caja tonta. A todo el mundo le gusta eso.
Recuerdo cuando cogernos la mano no significaba nada, sólo que me llevarías a esos mundos de plástico y colores, donde nos ganábamos el trono y recorríamos esos mundos enteros, cuando no importaba que se viera lo que había debajo de mi falda, ni te importaba.

Recuerdo lo sencillo que era no jugar a nada, reíamos hasta que dolía. Los coloretes en esos días se calmaban cuando la lluvia nos acompañaba en la carrera diaria de tu casa a la mía, se sentía tan sola que se mezclaba con nuestras lágrimas de alegría, deseando ver la cara de mamá cuando abría la puerta y nos encontraba, como siempre, de la mano, riendo como si se nos fuera la vida en ello, empapados, pero felices.

Ha pasado ya tiempo de eso. Ya significa algo cuando me das la mano. Ya si te importa lo que hay debajo de mi falda. Pero, en esta ocasión, te invito a colorear tus mejillas de inocencia. Yo lo haré también. 
Inventemos historias mejores que las de la caja tonta. Seamos los protagonistas, los que todo el mundo espera que salga a escena, los creadores de mejor final de todos los tiempos, o mejor, un "continuará".
Después, quisiera que me las contaras debajo de las sábanas, seamos de nuevo esos niños cogidos de la mano, los que traigamos la magia.

Cógeme de la mano otra vez.
Hazme reír hasta que duela.
Traigamos la lluvia a nuestros ojos, así lloraremos de alegría, nos refrescará la memoria.
Tapémonos hasta los ojos esperando a que la magia salga a escena.
Recordemos lo que fuimos. Quédate conmigo hasta que caiga rendida de sueño. Mañana... ¿jugaremos otra vez?


domingo, 9 de septiembre de 2012

Todavía.. ¿en serio?

- Quítala, por favor.
- ¿Por qué? Antes había que decirte que pararas de ponerla.
- Con la música parece que los recuerdos se graban a fuego en mi cabeza.
- Pensaba que ya pasabas del tema..
- Es el problema, todos pensáis que hago como si no haya formado parte de una buena parte de mi vida, es increíble..
- Todavía... ¿en serio?
- Es lo normal, aunque a veces me distraiga, la música siempre me lleva a esos recuerdos, ella, un paseo, una palabra, ¿hace falta que lo explique para que me creáis?
- No, supongo que es mejor creer en lo que parece la evidencia.
- Algún día sonreiré cuando la escuche. Lo prometo.


sábado, 8 de septiembre de 2012

Un cambio finito.

Nuestro paso por el tiempo se resumen en un cambio continuo y finito, curiosa paradoja.
Todo lo que define a ese tiempo deja su marca especial, queramos o no, el tiempo puede ser inmutable, pero al tocarnos con los largos y afilados dedos de la vida hace que seamos instrumentos moldeables a su antojo. A esto he hecho referencia muchas veces, me alegraría que os sonase.
Todo hace mella, todo nos puede embellecer o casi destruir, repartir nuestros trocitos por la tierra o echar raíces moldeando maravillas o el terror.



Somos un proyecto. Nunca podemos estar seguros de ser nosotros los directores, igual sí, o igual hay algo o alguien que se disfraza de sombra mientras de empuja, hacia delante, hacia el vacío, quién sabe.
Comenzamos proyectos, nunca podemos estar seguros de si se va a terminar. No es símil de que será para siempre, nótese la paradoja. Que ese proyecto acabe no es símil de que se vaya a olvidar. La alegría de ese comienzo o es fin no será en muchas ocasiones capaz de emparedar la mella que cause. El dolor no será en muchas ocasiones capaz de dejarnos ir y dejar de abrazarnos fuerte contra su pecho, evitando que veamos.

Simplemente, perdonadme si no me he explicado con claridad.

Aunque sigan cumpliendo su función.

Correr, no poder parar porque siempre hay algo que te persigue.
Rezar por abrir los ojos, querer despertar y sentir el lazo en el cuello.

Estar a su lado.
- ¿Duele?
- Si no te importa vomitar y aguantar que se pongan las venas negras, se puede decir que son unas vacaciones.
Echarme sobre su pecho. Dormirme con su respiración. Despertarme por no oírla.

Despertarme del sueño. Su calor me abraza y acompaña con sus manos en mi cintura. Intentar no despertarle.. qué vergüenza, le mancharía la almohada.

Los cazasueños a veces dejan pasar a las pesadillas.


El secreto de un reto es no dejar que se escape. Si lo atrapas, deja de serlo.

martes, 4 de septiembre de 2012

Simple, pero difícil de encontrar.

Muy cierto es que no valoramos lo que tenemos. Hasta que somos capaces de ello: sentarse en frente de la luz y ser capaz de ver lo que hay en ella, y desear que cada rayo sea una cadena que nunca me aleje de lo que amo.


Con el tiempo, somos capaces de soportar esa enorme carga, sí, una carga, puesto que como todo lo que queremos retener no basta con esas cadenas, si no con el compromiso de nunca dar pie a romperlas. Ese es el verdadero secreto.

¿Qué depara el futuro? El pasado fue un suspiro, el presente es el latido del tiempo, el futuro... ¿A quién le importa el futuro?



lunes, 3 de septiembre de 2012

Un juego.

Lo único que intentaba era que te fijaras en mis labios.



Déjame decirte que ahora el futuro parece a un paso.
Déjame invitarte a olvidarlo, a saborear cada trocito de mi piel sin que te importe más que lo que pueda pasar en los siguientes cinco minutos.
Déjame llevarte a otro tiempo y sin movernos de la habitación, que ahora tu nuevo universo sea una lucha por esas largas sábanas azules.
Déjame prestarte mi inocencia, porque ahora de poco me sirve, tus manos hacen que se despiste y sigan tus dedos, olvidándose de su dueña.

Al acabar la noche, la inocencia vendrá a mí, ocupando el sitio de la lágrima que fluye cuando te veo dormir, recordando que no es  el que te prestes a mi voluntad lo que me lleva a emocionarme, si no tú.  Tu labia, tus arrugas al sonreír, las mil cosas que se podrían decir. Y todo en un corto trayecto en el tiempo. 
Creo que todavía no he llegado a mi destino, me queda camino con mi billete al bolsillo, justo debajo de tu mano.